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Ríos de vida

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

19 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En la hiperabusiva relación que mantenemos con los ríos de nuestro entorno, lo acontecido la semana pasada con el vertido de purines que al llegar al Tambre amenazó el suministro de agua potable a Santiago, Ames y Brión debería fijar un punto de inflexión. Pero es de temer que no haya un antes y un después, porque ya no lo hubo, o bien han pasado décadas hasta que algo se moviese, en otros episodios críticos bien conocidos, porque han sucedido y siguen sucediendo a la puerta de nuestras casas. Por citar algunos de los más escandalosos, recordemos que a día de hoy seguimos contaminando de la peor manera el Sar y así será hasta que se haga realidad la por fin comprometida nueva depuradora en Silvouta; que las prácticas salvajes de explotación minera de la segunda mitad del siglo pasado siguen teniendo consecuencias sobre riachuelos de la comarca de Arzúa que desembocan en el Ulla; que el desgobierno de asentamientos industriales reabre con excesiva frecuencia las heridas del Furelos, en Melide... Y, porque nos convenía, queríamos creer que el padre Tambre, esencial para nuestra vida cotidiana y que nos alimenta, podía con todo, con su supuestamente inagotable fuerza regenerativa y su caudal infalible y siempre vivo. Pero hemos dado una vuelta de tuerca más en esta abusiva relación, con un accidente, un sabotaje o una negligencia individual -se espera explicación para lo que parece inexplicable-, que pone sobre la mesa una problemática general, la de la contaminación por la deficitaria gestión de los purines de la ganadería, en la que la Administración todavía no ha intervenido suficientemente. El vertido que desde el regato Portaferreiros llegó al Tambre y puso en jaque el abastecimiento de agua a los tres concellos centra el foco en la falta de soluciones eficaces para tratar grandes cantidades de purines emanadas de menos explotaciones pero de mayores dimensiones -cada vaca produce 25.000 litros de estos desechos al año-, de forma que hay una contaminación silenciosa, constante, por emisión de gases invernadero y por filtración de nitratos a los acuíferos. El vertido al Tambre es, que sepamos, la primera crisis de gran alcance consecuencia de este sistema fallido. ¿Tendremos que esperar otro aún más grave para que se tomen medidas?