Ojo, moto


Hace unos días publicaba este periódico, bajo el título de «Estos son los cambios de Tráfico para el 2021», cómo se modificaba y/o reforzaba la normativa. Y en el subtítulo ya avanzaba lo que vendrá: «Patinetes eléctricos fuera de las aceras, límites de 30 por hora en ciudad y guerra declarada al móvil al volante».

Lo del móvil empieza a ser incomprensible en muchos casos. Uno va por el Ensanche o por Vidán o por donde sea y ve coches nuevecitos, algunos no son precisamente baratos, y el personal hablando con el móvil en la oreja. Incomprensible, porque prácticamente todos traen manos libres.

Tampoco puede decirse que los habitantes de las tierras de Compostela seamos rácanos, porque por entre 200 y 300 euros hay en el mercado dispositivos que evitan la multa (que es más elevada) y, lo que claro está que es más importante, el accidente.

Pero la pregunta que algunos compostelanos se hacen ahora mismo es si las motos de Correos tienen patente de corso. Por lo menos la que circula por Chao Rego, detrás de Hacienda. Por alguna razón ignota, aunque la calle esté despejada -que suele estarlo, esto no es el Hórreo- el cartero se empeña en tirar por encima de la acera, sorteando a los pocos ciudadanos de a pie que salen estos días.

Y la cuestión no es -al menos en principio- sancionar al probo funcionario, sino que cuando lea estas líneas se pregunte si la acera es toda suya o no, si puede atropellar a un niño que salga feliz desde su portal o no, y, si me apuran, si así hace más rápido su trabajo o no. Porque encima muchos días solo para una vez, en un centro de negocios. Venga hombre (o mujer), anímese, olvide la acera. No duele, no cansa y nos caerá usted más simpático.

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