Francisco José Prieto: «Voy a aprender del arzobispo y de toda la realidad que existe en la archidiócesis»

El nuevo obispo auxiliar de Santiago desea que el Camino se llene, «será signo de que dejamos atrás la pandemia»


Santiago / la voz

«Son momentos de desconcierto, se queda uno mudo y el nuncio me preguntó: «¿Está usted ahí?'. Te quedas helado cuando recibes una noticia tan inesperada. Después, poco a poco, te vas situando». Así relata Francisco José Prieto (Ourense, 1968) su reacción cuando el día 19 de enero le comunicaron la propuesta del Papa de nombrarle obispo auxiliar de Santiago. Será ordenado en un acto previsto el 10 de abril.

-El arzobispo, Julián Barrio, le agradecía que aceptara la responsabilidad. ¿Se lo pensó mucho?

-El procedimiento es sencillo. El nuncio te traslada el deseo del Santo Padre de nombrarte obispo auxiliar de Santiago y, después, tú tienes que remitirle una aceptación al Papa Francisco, De alguna forma, estás en una tesitura. Pero está la obediencia, que la Iglesia te lo pide...; son unas horitas que tienes para decidir.

-¿Qué supone ser obispo auxiliar de Santiago después de una trayectoria ligada a Ourense?

-Supone un cambio notable después de casi 28 años de sacerdote aquí en la diócesis de Ourense. Esto es sacar las raíces de aquí [Ourense] y trasplantarte a una nueva realidad que tienes que ir conociendo, como es una archidiócesis como Santiago, grande, extensa, con una rica historia, geográficamente diversa, variada, con una riqueza notable en muchos aspectos, y con toda la riqueza que tiene el año santo recién abierta la puerta santa. Son esos retos que, en ocasiones, parece que nos sobrepasan, pero que después, poco a poco, vas aprendiendo. Cuando Carlos Osoro me llamó para felicitarme le pregunté: «¿Cómo se aprende esto de ser obispo?». Y me respondió: «Día a día». Para esto de ser obispo no hay manual, tenemos que aprender día a día y es un aprendizaje vital, con el arzobispo, con los sacerdotes, con los laicos...

-¿Ya ha hablado con Julián Barrio para perfilar su futura labor?

-De momento, fue una conversación muy breve con unas palabras muy acogedoras, muy cercanas, que dan confianza. Yo voy a auxiliarlo a él como obispo, a acompañarlo en su tarea episcopal después de esa larga trayectoria de servicio total a la archidiócesis de Santiago; voy a aprender de él y de toda esa realidad que existe en la archidiócesis.

-Año santo y prolongado. Un desafío todavía mayor para estrenarse como obispo auxiliar.

-Entiendo que será una de las tareas en las que tendré que ayudar y auxiliar a don Julián [Barrio]. También tendré que descubrir el año santo, porque desde otras diócesis, lo vemos como una realidad importante pero no la conocemos directamente. Me va a tocar conocerla desde dentro y ayudar. Un año santo que acaba de empezar, en unas circunstancias muy singulares, muy terribles por la pandemia. Ojalá esos caminos vuelvan a llenarse, porque eso será signo de que la pandemia la hemos dejado atrás. Ese es el gran deseo. Por eso hay que pedir que el apóstol Santiago nos remedie de esta peste terrible porque está afectando a la salud, al trabajo, a la vida social..., y necesitamos ver luz y esperanza. La Iglesia tenemos que estar ahí aportando esa luz y esperanza.

-¿Qué impronta quiere imprimirle a su labor?

-No es fácil sintetizar lo que uno pretende y, sobre todo, porque uno aún tiene que conocer la realidad en la que va a estar. Voy a servir, voy a colaborar, voy a auxiliar al señor arzobispo y dispuesto a servir a esa Iglesia de Santiago en toda su riqueza. Servir, aprender, saber acompañar a todas las realidades de las parroquias, de las gentes..., esa es mi disposición.

-¿Ya comenzó a indagar en el que será su nuevo destino?

-Estoy intentando familiarizarme con los rostros y realidades de los pueblos.

-¿Qué es lo que más le llamó la atención hasta ahora?

-La diversidad que es inmensa, con toda esa costa, los pueblos interiores, las tres realidades urbanas con sus peculiaridades. Estoy abismándome ante la riqueza y la diversidad que tiene. Para mí, la diversidad y la diferencia son una gran riqueza.

-Ya se lo dirían, pero el puesto de obispo auxiliar de Santiago se ha convertido en la antesala de responsabilidades mayores en la curia, casi a modo de trampolín.

-Ahora el único trampolín que hay es un sacerdote de Ourense que se llama Francisco Prieto y que le han dicho que vaya a Santiago como obispo auxiliar, ese es el único trampolín. Es un salto que espero dar, que creo que va a ser bueno y, con los pies en la tierra, dispuesto a ayudar y a acompañar. Lo único que pienso es servir durante los años que la Iglesia y el Papa consideren que sea necesario.

Sacerdote en Ourense, profesor y vicario en Nueva Evangelización

Hace casi 28 años, un 26 de junio de 1993, Francisco José Prieto (Ourense, 1968) fue ordenado como sacerdote. Fue el inicio de una trayectoria pastoral siempre ligada a sus raíces, asumiendo funciones en diferentes parroquias. Una labor que combinó con la docencia y con puestos de referencia en el Obispado de Ourense, donde era vicario para la Nueva Evangelización. «Ese es el gran reto lanzado a la Iglesia desde hace años», dice, apuntando, que ahora ha tomado una dimensión mayor con la pandemia, porque «va a cambiar el modo de vivir la fe» y eso «es lo mismo en Santiago que en Ourense». Precisamente, por su labor docente llevaba años ligado a Compostela a través del Instituto Teológico. Además, es miembro de la Comisión Teológica Asesora de la Conferencia Episcopal.

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