Un Modigliani hecho en casa


Pero qué me traes aquí. Has fusilado un clásico. Esto es un Modigliani». No se equivocaba aquella profesora de Diseño. Se trataba de una burda copia de un Modigliani perpetrada con témperas. Y el autor del atentado era un estudiante de Periodismo al que el encargo de hacer un dibujo de temática libre debió parecerle una tarea de parvulario que no merecía privarle de un par de horas de cafetería. El muchacho encontró en la contra de un suplemento dominical el atajo para despachar el asunto. Allí estaba la pintura de Modigliani ilustrando la publicidad de una bebida de alta graduación. La indignación de la docente fue de aúpa. El autor del atentado no lo entendió en aquel momento, pero de aquella anécdota universitaria sacó una lección. Más importante que acatar una instrucción es actuar con sensatez.

Es lo que echo en falta ante la detonación de esta crisis virulenta que ya ha volado nuestros hábitos y que amenaza con cambiar nuestros miedos para siempre, reemplazando los que ya teníamos controlados por otros imperceptibles y de alcance desconocido. Falta sensatez para explicar en qué lío nos hemos metido, su dimensión y consecuencias. Falta sensatez en los dirigentes políticos que siguen jugando al navajeo en un momento de máxima fragilidad en el que parece que todo pende de un hilo. Y falta sensatez en los ciudadanos, en los que se resisten a tomarse todo esto en serio y en los que barren los supermercados para un acopio egoísta de víveres y artículos dispares. Así que, quédense en casa los que puedan, sigan con sus vidas y, por favor, obren con sensatez.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Tags
Comentarios

Un Modigliani hecho en casa