Con semántica de campaña


De todos los indicios que delatan la proximidad de una campaña electoral el más obvio es el que tiene que ver con el manejo del lenguaje. Los tiempos en política vienen marcados por una selección de los verbos en la que tradicionalmente se multiplicaba la forma prometer y en la que ahora proliferan los sinónimos, con los que vienes a decir lo mismo pero rebajas la carga grotesca. De la habitual retórica posibilista el político salta ahora a la pantalla del sí a todo, y ya casi se intuye ese aroma de las papeletas que, a fuerza de insistir, se está haciendo más familiar que el del turrón.

En Santiago se ha escenificado esta semana todo esto, con la visita del delegado del Gobierno en funciones. El alcalde recibió cumplida respuesta a todos los asuntos que son prioritarios para esta ciudad, que llevan años siéndolo. Sí al desbloqueo del enlace orbital, crucial, como hoy mismo recuerdan los empresarios en estas páginas, para la conexión de los polígonos industriales del norte con la AP-9 y con la maltrecha autovía de Lavacolla. Sí a la mejora del firme del periférico, cuyo avanzado estado de desintegración en muchos tramos requiere de una actuación integral de todo su trazado. Sí al refuerzo de la seguridad en una ciudad cuya policía local está, en palabras del propio Bugallo, «xa non en mínimos, senón baixo mínimos». Y sí, entre otros asuntos apremiantes de la agenda local, al que parece más complicado de encajar, esa reforma del proyecto de la estación intermodal que reclama el alcalde.

Todo es posible en puertas de lo que parecía increíble, una nueva campaña.

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