El regreso


Nunca antes la presentación de un candidato a la alcaldía había agitado tanto el panorama preelectoral compostelano. El regreso de Bugallo -que estaba cantado- abre el partido de las municipales del 2019, en el que competirán contendientes cuyo peso, al menos su peso teórico, no tiene comparación en las otras ciudades gallegas: nada menos que tres candidatos con experiencia en la alcaldía y la vicepresidenta de la Diputación. Puede ser bueno, puede ser regular. Es lo que es. La experiencia es un grado y aquí no falta, pero no les vale a todos igual. Bugallo tiene a su favor, y no es poco, que los siete años transcurridos desde que Conde Roa lo desalojó de la Alcaldía, han dejado en la memoria de los vecinos mucho más de bueno que de malo, y lo han engrandecido como depositario del legado de la edad dorada de Compostela, de la que fue impulsor, primero como uno de los pilares de los gobiernos de Xerardo Estévez (quien, por cierto, aunque ni ha intervenido ni presionado a su favor, ni tomará partido públicamente, considera a Bugallo la mejor opción del PSdeG) y luego como alcalde. Martiño Noriega ha dilapidado el capital de confianza depositado en él, aunque mantiene una fidelidad del segmento joven a prueba de bomba y ahora es quien más tiene que perder por el regreso del exalcalde. Noriega llegó de improviso en el 2015 sin proyecto para Santiago y pasados tres años no ha sabido construirlo ni gestionar con eficacia el día a día de la ciudad. Agustín Hernández apenas tuvo tiempo tras su aterrizaje forzoso en el 2014 y ahora la irrupción de Bugallo puede ser la puntilla para sus posibilidades, que ya eran lejanas por su debilidad desde el centroderecha. Hay partido, claro que ahora hay partido.

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