Hosteleros


No lo va a tener fácil la directiva que salga del proceso de refundación de Hostelería Compostela. Hubo un tiempo en el que esta asociación pasaba por ser la más poderosa de Galicia como representante de las empresas turísticas. Tan poderosa era que quienes la gestionaban se sintieron con licencia para hacer lo que les viniera en gana, a espaldas de los asociados y, con frecuencia, de los propios directivos. Quien más y quien menos tenía la sospecha de que no todo era limpio y la certeza de que faltaba transparencia, pero como iba viento en popa, se dejaba hacer. Hasta que un anónimo -menos anónimo de lo que se dice- hizo saltar la basura acumulada durante tanto tiempo de vacas gordas. Pero la investigación judicial de la gestión de subvenciones públicas va para largo, transcurridos ya tres años desde que este asunto viene coleando, y la conclusión es que la representación de la hostelería está atada de pies y manos. Nada se puede reprochar a las dos directivas todavía vigentes, las lideradas por Sara Santos y José Antonio Rivero, ni a Ramón García Seara; todo lo contrario, ya que les ha tocado lidiar el peor morlaco. Pero mientras no quede limpio el nombre de la asociación depurando responsabilidades y resarciendo los quebrantos económicos que se puedan demostrar, Hostelería Compostela no podrá abrirse de par en par a una nueva etapa imprescindible como portavoz del sector. Con todo lo que se está dirimiendo en el turismo, la ciudad no puede permitirse la pérdida de interlocución con las Administraciones. Es necesaria la supervivencia y fortalecimiento de la asociación. De lo contrario, habrá que inventar otra.

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