La cara B

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

03 ene 2017 . Actualizado a las 21:52 h.

La sorpresa salta en cada esquina. Uno piensa que el conductor, conduce; el profesor, enseña; el funcionario, trabaja; y el doctor, consulta. Eso es así o al menos suele ser así, pero luego cada persona tiene una cara B, una vida que no sale diariamente a la luz, sino que la hace presente quizás una vez en la vida, quizás más. Y no hace falta sumergirse en la realidad virtual para comprobarlo.

Tal es el caso de Constantino Cuesta, médico en el Centro de Saúde de Sigüeiro, que acaba de presentar su tercera novela en cuatro años. Cada una con una temática distinta, y desde luego sin caer en el tan manido asesinato en la Edad Media en pleno Camino de Santiago, novelas en vulgar cascada (también en su estructura, aprendices eternamente lejanos de El Quijote) que tan de moda están.

Tino Cuesta, quien también pinta cuadros, sorprende ahora con Una jaula de locos, ambientada en un psiquiátrico. Irónica, y en ocasiones trágicamente, no faltará quien afirme que presenta una temática muy navideña, visto lo visto en la casa de al lado o en Berlín, pero ligerezas aparte es una novela que como mínimo debe calificarse de seria.

Pero no se trata ni de hacerle propaganda ni de desmenuzar el final. Se trata de constatar que se cuentan por docenas, cientos (¿miles?) las personas que están dispuestas a aprovechar la vida y que después de trabajar en lo que les permite comprarse el turrón quieren desarrollar otra actividad que no sea quedarse alelado ante el televisor. Y este período seudovacacional en este improductivo mes anima mucho a lo primero y a lo segundo. ¡Con lo bonitos que están los parques naturales en esta época! ¡Con la de libros como Una jaula de locos que hay que regalar y leer!