i la accidentada Lomce tiene larga vida, la semana que viene 2.417 estudiantes harán en las facultades compostelanas la última selectividad de junio. La famosa prueba de acceso a la universidad ha estado en vigor unos cuarenta años, así que echen cuenta de los jóvenes de COU o segundo de bachillerato que se han enfrentado a Platón, Kant o Nietzsche. Porque nos quedará la reválida, pero los que somos de selectivo siempre recordaremos los nervios, la expectación y las opciones A y B.
Hubo selectividades que pasaron desapercibidas y otras que marcaron historia. Como la del 92, cuando tuvieron que anularse las pruebas en Galicia por filtraciones. Circulaban incluso fotocopias de los exámenes que iban a caer. Fue un mal año para los que se examinaron. Tuvieron que repetir las pruebas unos días después. Miles y miles de estudiantes dan lugar a muchas anécdotas. Carnés de identidad que no aparecen, nervios incontrolados o estudiantes que se pierden en la facultad en la que deben examinarse. En el 2002 uno de los ejercicios de física estaba mal enunciado, por lo que era irresoluble. Incidentes más o menos graves, la mayoría solucionados. Y después las notas. Por un lado aprobar, por el otro conseguir la nota necesaria para entrar en la carrera elegida. Si no, barajar alternativas o repetir.
Pese a todos los contratiempos siempre creí que era una prueba relativamente justa, relativamente honesta y poco elitista. El menos malo de los sistemas, le oí decir a la jefa de estudios de un instituto compostelano. Y siempre creí que llevaba razón. Si esta es la última, bye bye, pero incluso te echaremos de menos.