El Pedroso resistió a los incendios, a un campo de golf, un teleférico y a la torre de Foster
07 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.crónica el fuego y la frivolidad, los grandes enemigos del espacio natural
El monte Pedroso está demasiado a la vista como para pasar desapercibido a los que han sido sus mayores enemigos, los incendiarios y los políticos. Los primeros siguen en activo, agazapados, y a la mínima que puedan volverán a prenderle fuego, como ocurrió en el 2006, el peor año que se recuerda en el pulmón de la capital gallega. El caso de los políticos, siendo justos, se ha ido corrigiendo con el tiempo. En los años 90, cuando se adivinaba una nueva economía de la abundancia, se pensó mucho en el Pedroso en los despachos, aunque con escaso criterio medioambiental.
Su imagen estuvo a punto de transformarse radicalmente cuando el alcalde Xerardo Estévez le encargó al arquitecto británico Norman Foster una torre de telecomunicaciones que nunca se construyó, aunque el anteproyecto sí se pagó, y bien. El objetivo era unir sobre una plataforma todos los servicios de las diferentes antenas que se despliegan por el monte. El presupuesto nunca apareció, y cuando se pensó en retomar el proyecto años más tarde se concluyó que técnicamente ya no tenía sentido. Era inútil.
En el 2002 se anunció la aprobación de un plan especial para una parcela de medio millón de metros cuadrados en las faldas del Pedroso que incluiría un campo de golf, un hotel de lujo y 70 chalés. Si la antena de Foster se quedó en una maqueta, este despliegue urbanizador no pasó de los planos. Los delirios políticos también llevaron a Sánchez Bugallo a anunciar en el 2007, con la crisis de las subprime desatada, un teleférico que uniría la cima del Pedroso y el aparcamiento de Xoán XXIII. Admitía entonces que era caro y no suponía una prioridad, «pero é unha das dúas liñas que quero na cidade», decía. La otra, la del Gaiás, tampoco se hizo.
Paralelamente a estos proyectos y con un criterio más sosegado, el Concello también impulsó la reforma de la Granxa do Xesto, un agradable parque que cuenta con una cafetería y zonas para practicar deporte y que está muy bien integrado en el entorno. Muy cerca está la Selva Negra, más silvestre y con árboles de gran valor que se ha ido recuperando para uso público con ánimo de protección.