Una treintena de negocios abiertos a finales del XIX y principios del XX siguen en la brecha
28 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El comercio tradicional compostelano ha conseguido resistir varias crisis a lo largo de su larga historia. En muchas calles y plazas de la vieja Compostela, una saga de comerciantes sigue levantando cada mañana la reja de sus negocios y demostrando que lo tradicional resiste mejor que lo moderno. Aunque no existe un censo exacto de los comercios más antiguos de la ciudad se puede asegurar que, al menos, una treintena mantienen sus puertas abiertas en la ciudad sin contar con los de negocios vinculados a la hostelería, en los que también hay numerosos establecimientos tradicionales que han ido pasado de padres a hijos.
En la lista de los viejos comercios que aún mantienen sus puertas abiertas están representados casi todos los gremios. Entre los más antiguos están la joyería Mayer de 1830; la droguería La Barta de 1837; y la farmacia Bescansa de 1843. La ferretería Casas Chico comenzó su andadura en Casas Reais en 1837. Por su parte, los ultramarinos comenzaron a abrir sus puertas a finales del siglo XIX. Fue entonces cuando se inauguró Cotos, cerca de la Praza de Abastos; Carro, en el Toural, en 1880; y Cepeda, en Cervantes, en 1888, cuando también lo hacía la confitería Las Colonias, en la rúa das Orfas. Un poco antes de la apertura de estos ultramarinos aparecía en el casco histórico un restaurante, El Asesino, abierto en 1873. En As Orfas se ponía en marcha en 1877 el primer estanco de la ciudad, Garabal. En la lista de centenarios están la joyería Otero, en la Rúa do Vilar, abierta en 1909; la farmacia Gómez Ulla, en Porta Faxeira, en 1909; o el Quiosco del Toural en 1910. Este año cumplen cien años Comercial Tojo y la sombrería Iglesias. De décadas posteriores son: Confecciones Riande (1920), Casa Mora (1929), Café Derby (1929), Camisería Vicente López (1931), Calzados Severino (1932), Sastrería Pepecillo (1933), Joyería Frade (1933), Joyería Bao (1934), Fotos Arturo (1937). Inauguraron la década de los 40 la Rabeada en O Toural y Novedades Carmiña; en esta misma década comenzaron su actividad la Mercería Algui (1948) y Confecciones Sánchez (1946).
Los locales de muchos de estos establecimientos son propiedad de los comerciantes, lo que les permite superar mejor las dificultades económicas del momento al librarse, por un lado, de una buena cantidad fija cada mes; y, por otro lado, de las consecuencias del fin de la moratoria de la Ley Boyer que supondrá que a partir del año 2014 se ponga fin a las rentas antiguas que, en ciertos casos, supondrá cierres del establecimientos al complicarse los acuerdos con los propietarios de los locales. En ciertos casos, estos alquileres son cantidades simbólicos y, en otros, se han actualizado aunque sin llegar ni por asomo al precio de mercado.
Otra circunstancia que juega a favor del éxito de estos negocios, según comentan los comerciantes, es que se libran de la carga de los sueldos, ya que mayoritariamente son actividades familiares y detrás del mostrador está fundamentalmente el dueño, familiares directos y, en menor medida, un empleado con mucha antigüedad.