Conde Roa, un gestor de deudas y trifulcas

Juan María Capeáns Garrido
juan capeáns SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Se va sin aprobar las cuentas de Raxoi y con un reguero de polémicas

16 abr 2012 . Actualizado a las 11:43 h.

«Este alcalde va a dar juego». Eso se decía en los corrillos periodísticos en la última semana de mayo del 2011, cuando Gerardo Conde Roa venció por segunda vez a las encuestas y alcanzó en las urnas el bastón de mando de Santiago, que tanto se le resistió al PP. Pues bien, no va más. Cortos pero intensos han sido los nueve meses en los que este santiagués nacido en Padrón (1959) ha presidido un Ayuntamiento al que accedió más tarde que sus homólogos, por el recurso judicial presentado por el bipartito, tal fue el escaso margen de votos que inclinaron la elección.

Levantó buenas polvaredas cada vez que abrió la boca

Poco ha podido hacer en este tiempo más que gestionar miseria, y de hecho no ha sido capaz ni de presentar sus primeros presupuestos municipales, en los cuales se anunciaba tijera por doquier. Eso sí, como hablar es gratuito, levantó buenas polvaredas cada vez que abrió la boca. Tampoco tuvo tiempo de sacarse los tics de opositor y siguió azotando al exalcalde Sánchez Bugallo, el político que probablemente tuvo más información sobre las andanzas empresariales y personales de Conde Roa y que, sin embargo, no las utilizó como artillería ni en la campaña ni en los últimos meses. Intuía, con razón, que iba a caer por su propio peso.

Su nombre saltó en las listas de morosos

La calamitosa aventura empresarial en el mundo inmobiliario del administrador único de Geslander se llevará hoy por delante una carrera política que, vista con perspectiva, se caracteriza por los altibajos, pero si se pone el foco en los últimos años en el pazo de Raxoi trasciende una permanente tensión que hizo que en varias ocasiones la lucha política se trasladara del Obradoiro a los juzgados de Fontiñas. Su pasado como abogado ha pesado en su forma de hacer política, pero también en la manera de interpretar la gestión empresarial de su promotora, de la que se tuvo constancia pública en el 2008 cuando, aún como líder de la oposición, su nombre saltó en las listas de morosos del Ayuntamiento por no pagar el IBI. Con alharacas, apareció un día en el pleno aireando un talón para pagar los 7.000 euros que debía a la institución que pretendía presidir.