Renacimiento

La Voz

SANTIAGO

23 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La crisis nos tiene hundidos, deprimidos, bajos de defensas hasta el punto de ya ni discurrir: las propuestas para salir de la crisis nos hunden más y bloquean la salida. Además, este problema deja de ser cíclico y se va haciendo permanente y estructural. Aún estamos recogiendo las hieles del desarrollismo, aquella explosión de crecimiento que nos hizo creer en el movimiento continuo, en que todas las leiras llegarían a ser solares y en que cualquier taller de mala muerte era mejor que la mejor de las huertas. ¡Qué error, dar la espalda a la tradición! ¡Qué pies más frágiles los del gigante de la modernidad!

Para salir de la crisis es necesario un renacimiento, el de nuestras habilidades tradicionales. Por ejemplo: el debate político resulta insoportable, es un intercambio de insultos sin gracia que aburre, desanima, fomenta en el ciudadano la desconfianza, y sin confianza no se crea empleo ni riqueza. ¿Cuál es el remedio tradicional para esta lacra?: la regueifa. Si Rubalcaba y Rajoy, en lugar de llamarse mentirosos, se dijeran, en un soniquete: «Ándaste alabando moito/ de ser un home moi feito,/ se ti foses coma min,/ dabas cun croio no peito», y el otro le contestase con otra copla punzante, el público, al menos, atendería.

Otro ejemplo: el batacazo de las cajas de ahorros, con su terrible subvaloración y con el agujero que dejaron las indemnizaciones a los ex directivos. ¿Cuál es el remedio tradicional?: los arresponsadores. En nuestra cultura ancestral, estos personajes intermediaban entre la Tierra y el Cielo para proteger cosechas y ganados con sus oraciones. Sobre todo con una, el famoso responsorio de San Antonio. El responso no solo servía (y sirve) para encontrar el anillo o la cartera que has perdido; bien rezado, en el momento oportuno, hacía que el lobo soltase la oveja que llevaba en la boca y que el ave de rapiña aflojase las garras y dejase huir la gallina arrebatada. Ejecutivos nuestros de la nueva banca, ya sabéis, concentrados en el predador, recitad con fervor: «Si buscas milagros, mira...».