Cleopatra, una superviviente política más allá del mito erótico

Los historiadores revisan la figura de la fascinante reina de egipto y destacan más que su vertiente de seductora irresistible sus dotes como astuta estratega capaz de mantenerse en el trono casi 20 años en un mundo dominado por hombres


Cleopatra nunca muere. Dos mil años años después de su muerte aún es famosa y fascinante. La única mujer del mundo antiguo que sigue siendo recordada dentro de una lista de hombres. Su relación con Antonio, que acabó con el suicido de ambos, es una de las grandes historias de amor de todos los tiempos y ha sido contada en numerosos libros, películas y escenarios. Pero fueron Elizabeth Taylor y Richard Burton quienes los inmortalizaron en la célebre película de Joseph L. Mankiewicz de 1963. No se puede pensar en los personajes históricos sin tener en mente a estos dos carismáticos actores. Y ahora Cleopatra vuelve con fuerza. Angelina Jolie va a darle vida de nuevo en el cine, mientras los historiadores se empeñan en la casi imposible tarea de separar el mito de la realidad.

«La ficción y el drama inventan, pero en la historia hubo ambición, orgullo, crueldad, dureza, celos, engaño, violencia y pasión de sobra», asegura el historiador británico Adrian Goldsworthy, uno de los últimos en intentar rescatar la figura real de la reina egipcia, en Antonio y Cleopatra. En su libro la desmitifica, pero considera que el personaje que surge del estudio de las fuentes y de situarla en el contexto del siglo I antes de Cristo es aún más interesante. Era un animal político y una astuta estratega cuyo objetivo fundamental fue mantenerse en el poder a toda costa. Y lo logró durante casi dos décadas, hasta que Antonio fue vencido por el joven Octavio. En todo caso, su figura ha sido tan agrandada y mitificada que es más famosa e importante de lo que nunca fue en vida.

¿Quién era realmente esa mujer que sedujo a los dos hombres más poderosos de su época, Julio César y Antonio, y que gobernó Egipto entre los años 51 y 30 a. de C.? Ni devoradora de hombres ni depredadora sexual, ya que probablemente solo tuvo esos dos amantes; ni antiimperialista, pues nunca se enfrentó a Roma, de la que dependía totalmente; ni tampoco la mujer exótica de rasgos orientales y extraordinaria belleza vestida como una egipcia, como se la presenta en la película, pues era una macedonia cuya lengua materna era el griego, así como su cultura y educación eran griegas. Al contrario de lo que ha dicho Hollywood, su indumentaria era griega y llevaba el pelo peinado hacia atrás y recogido en un moño con una diadema como símbolo de autoridad. No vestía como una caricatura del Imperio nuevo egipcio, que había caído mil años antes. Esa mujer de pelo negro y flequillo recto, intensa sombra de ojos, joyas recargadas, vestido dorado y tocado en forma de ave rapaz se debe a la interpretación de Taylor, no a la realidad, según Goldsworthy.

Ni tan siquiera sabemos cuál era su auténtico aspecto físico. Seguramente tenía una nariz grande, pero desconocemos de qué color eran su cabello, sus ojos y su piel. Plutarco decía que su personalidad carismática y su voz musical, más que su belleza, eran lo que más atraía a los hombres. Mucho más tarde, Dión Casio escribió que era excepcionalmente bella, lo que no cuadra con las representaciones en bustos o monedas que se conservan. Goldsworthy asegura que su apariencia física era parte de su atractivo, pero su inteligencia, carisma, ingenio y encanto eran más importantes.

La propaganda que puso en marcha Octavio la presentaba como una seductora siniestra que distrajo a César de establecer el orden en el Imperio romano y corrompió a Marco Antonio. Pero no fue así, ambas fueron relaciones de mutua conveniencia, que empezaron por cálculo político, pero en las que hubo pasión y atracción sexual.

Cleopatra era, por encima de todo, una hábil superviviente política que logró mantenerse en el trono a cambio de entregar los recursos egipcios a los romanos para comprar su apoyo. También consiguió expandir su reino, que durante unos años fue casi tan extenso como en tiempos de sus más gloriosos antepasados. Sin duda era fascinante, culta, ambiciosa, una mujer fuerte e independiente en un mundo de hombres. Cruel hasta el punto de eliminar a sus hermanos antes de que ellos se deshicieran de ella. Y tan calculadora que solo se quitó la vida una semana después de que lo hiciera Antonio, cuando fracasó en su intento de negociar con el vencedor Octavio.

Goldsworthy también desmonta el mito de Antonio como gran soldado y estratega militar. Era un aristócrata arrogante cuyo ascenso se debió más a sus dotes políticas y al azar que a su ardor guerrero, y que por eso llegó a ser el hombre más poderoso del mundo. Solo al final de su vida llegó a estar dominado por Cleopatra, que era más inteligente y culta que él.

Angelina Jolie va a encarnar a la reina de Egipto en una película que dirigirá David Fincher (La red social), basada en la biografía también revisionista de la premio Pulitzer estadounidense Stacy Schiff. Esta considera injusto que Cleopatra pase a la historia como la «reina prostituta», cuando fue «la única mujer del mundo antiguo que gobernó sola y jugó un papel en los asuntos occidentales». Destaca que no era una «gatita sexual», sino una política, estratega y guerrera brillante. «Las historias de Cleopatra han sido escritas por hombres, por primera vez la escribe una mujer», afirma. La actriz ya ha adelantado que su interpretación «no será tan encantadora» como la de Taylor y no la retratará como un símbolo sexual, porque no lo era. «Pensaba que era todo glamur, pero he leído sobre ella y era una madre muy fuerte, hablaba cinco idiomas y era una líder», señala. Es más que dudoso que la elección de un icono sexual como Jolie sea la más indicada para cambiar la imagen de Cleopatra. Los rumores se han disparado sobre la posibilidad de que Brad Pitt haga de Antonio, lo que sería un reclamo muy poderoso y recordaría al tándem Taylor-Burton.

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