31 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.
Los compostelanos entonan hoy su particular «Pobre de mí». Se acaban las fiestas del Apóstol, estas que fueron pobres en cuanto a presupuesto e improvisadas en cuanto a organización. O sea, muy mejorables. Ya lo dijo Conde Roa cuando asumió el «marrón» de manos de Bugallo: «Estas no son nuestras fiestas». Lo fueron, por obligación, en aspectos como el pregonero. Y no fue mal.