Una madre con estrellas Michelín

Por Pablo Portabales

SANTIAGO

La opción de la alegría

Me va a costar tiempo olvidar esta última semana de abril. Lo digo porque escuchar en vivo y en directo el testimonio de Irene Villa me emocionó. No pude contener las lágrimas cuando recordó las palabras de su madre semanas después del atentado que sufrieron hace casi 20 años y que las marcó para siempre. Ella perdió las piernas y su progenitora un brazo y una pierna. «Tenemos dos opciones, una sería vivir amargadas y maldecir a los terroristas y la otra, mirar hacia delante con alegría y optimismo», le dijo. Irene se agarró con fuerza a la segunda y lo demostró sobre el escenario del Palacio de Congresos de A Coruña donde el pasado jueves participó en el certamen Lo que de verdad importa junto con Toni Nadal, el tío-entrenador de Rafa Nadal, y el fundador de la oenegé Sonrisas de Bombay, Jaume Sonllerente. Enseguida les hablo de algunas cosas que me contaron durante el almuerzo que compartimos después pero, ya que les hablaba de la madre de Irene Villa, es obligado hacer referencia a que hoy es el Día de la Madre, que coincide con el Día del Trabajo, lo cual debe de ser más que una casualidad.

Cocina casera

Precisamente con motivo de la jornada dedicada a las mamás se celebró el jueves en Madrid un curioso concurso patrocinado por una firma de platos preparados. Fueron seleccionadas cinco madres de distintos puntos de España que se convirtieron en chefs de lujo, entre ellas la gallega Berta Rodríguez-Gigirey Pérez. En el restaurante de Sergi Arola, en la calle Zurbano Berta se puso al frente de la cocina de última generación y contó con un grupo de ayudantes para preparar una receta que está acostumbrada a preparar en solitario en su casa, un pastel de cabracho que le sale por unos 18 euros para 4 personas. «Fue una experiencia inigualable porque estar a cargo de una cocina así... Me sentí importante, es un regalo del Día de la Madre maravilloso», comenta poco después de despedirse de Arola y de la siempre guapa y sonriente Martina Klein, que ejerció como madrina. «Los callos se me resisten», confiesa esta madre de dos hijas que por unas horas tuvo estrellas Michelin.

Irene Villa

Irene Villa se casa el próximo 4 de junio. «Tengo ganas de ver en la boda a mis compañeras del equipo de esquí, porque nunca las vi sin otra ropa que la deportiva», confiesa Irene. Sin querer, Juan Pablo, su novio, se convirtió en protagonista del congreso al que hacía referencia al principio. «Vives de gorra», le dije de broma a Toni Nadal por el patrocinio que luce en su cabeza en cada torneo que juega su sobrino. «Je, je. Pagan, pero no daría para vivir», apunta sonriente. Habla con la misma tranquilidad y pausa con la que Rafa se seca el sudor antes de cada punto. «Creo que es el único jugador del mundo que nunca cambió de entrenador, ni de fisioterapeuta ni de nada. Yo siempre le transmití que uno debe ser responsable de sus actos, de sus victorias y derrotas, y que no hay que echarle la culpa a nadie», explica con sosiego. Dice que está acostumbrado a pasar muchas horas sentado en hoteles pero que también le gusta pasear por las ciudades que visita. Mientras tanto, Jaume Sanllorente, el periodista que lo dejó todo para ayudar a miles de personas en la India, cuenta con pasión su trabajo con los desfavorecidos. Para ellos es como un padre. Como un padre y una madre, como las que hoy celebran su día.