Listos para viajar al horror

Por Jorge Casanova

SANTIAGO

Jóvenes de Cruz Roja de toda españa se forman en a coruña para acudir a escenarios de emergencia internacional como expertos en atención psicosocial

03 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Una joven solloza sin consuelo sobre el pecho de otra. Dos más intentan acercarse, hablarle, tranquilizarla. No les resulta fácil pese a que se trata de un simulación. La joven que llora es una niña desesperada por la muerte de sus padres en un terremoto. La que la abraza, su hermano. Las otras dos, miembros de un equipo de atención psicosocial que trabaja con los niños mientras las brigadas buscan los cuerpos de los padres. El resto del grupo, mayoritariamente chicas de entre 25 y 35 años, observan cómo sus compañeras intentan usar las herramientas con las que se han ido familiarizando a lo largo del curso de formación. «Algunos lo consideran como el hermano pobre de las emergencias. Siempre nos imaginamos que lo primero es el agua, el refugio... Pero el abrigo que proporciona el apoyo psicosocial es muy importante, aunque a veces nos cueste verlo», reflexiona José Reyes, el coordinador del curso de Cruz Roja que se impartió en Bastiagueiro, con la colaboración de la Diputación de A Coruña. Es el tercero que se celebra en España y el cuarto en el mundo. Aunque son muchos los países que cuentan con equipos de apoyo psicosocial, la formación especializada solo se está impartiendo en Dinamarca y, sobre todo, en España, que ha aportado gran experiencia en el diseño de estrategias y equipos tras el 11-M. «Lo que intentamos es mostrar que la víctima necesita más que una manta; también necesita que la escuchen y le cojan la mano. Es la forma de que salga antes adelante», añade Reyes. Los jóvenes que se formaron en Bastiagueiro, y que llegaron de diferentes puntos de España, serán a su vez formadores. Cuando arriben a los puntos de conflicto se convertirán en distribuidores de estrategias para que puedan aplicarlas los cooperantes locales. Las cosas no funcionan igual según el lugar y la cultura: «Puedes intentar ayudar y que ellos interpreten otra cosa». Por eso la primera lección que aprenden es la de dejarse enseñar por la contraparte local para adaptar los mensajes y las estrategias al perfil de la sociedad que ha sufrido la catástrofe: «Y no hay sociedades mejor o peor preparadas», recuerda Reyes: «Solo hay que recordar el Katrina». Cristina Castillo, una cooperante de Cruz Roja con una dilatada experiencia y que se ha desplazado para participar en el curso, recuerda que la demanda de las víctimas puede estar en detalles nimios: «En Túnez establecimos dos minutos de móvil para los refugiados que llegaban de Libia. Era lo que más agradecían: poder contactar con sus familias y decirles que se encontraban vivos. Puede parecer poco, pero ellos lo valoraban más que tres comidas».

Desde la importancia de usar la radio como difusora de mensajes positivos a grandes colectivos de afectados hasta la composición de canciones sencillas para enseñar a la gente cómo lavarse correctamente las manos, por el curso han desfilado decenas de estrategias y protocolos para utilizar sobre el terreno. También con los propios voluntarios locales que, como cuentan los que han trabajado con ellos, precisan ayuda emocional porque muchas veces también han vivido la pérdida de seres queridos. Y, desde luego, la atención a los niños. Niños perdidos que vagan solos por escenarios de muerte: «Hay que reubicar a toda esa gente que se encuentra superada en un primer momento y conseguir que regresen a sus rutinas cuanto antes. Y, en el caso de los niños, es especialmente importante: que vuelvan al colegio, que vuelvan a jugar... Cuanto antes se recuperen todos emocionalmente, antes se recuperará la zona de la catástrofe», concluye Reyes.

La mayor parte de los participantes en el curso tienen sus propios trabajos más allá de su colaboración con la Cruz Roja. Una parte de ellos se convertirán de forma inmediata en miembros de un equipo de emergencia psicosocial. La organización les pide un mes de disponibilidad para desplazarse adonde sea necesario. A ninguno de los jóvenes que la semana pasada aspiraban a completar con éxito el proceso les resulta extraña la dinámica. Muchos ya son profesionales del trabajo social y la mayoría han tenido experiencias de mayor o menor duración en la cooperación internacional. Ahora ya forman parte de un selecto equipo en cuya mochila cargarán vendas para las heridas del corazón, que, al fin y al cabo, son las más difíciles de curar.