Castilla y León
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Su empleada de hogar desbloqueó Madrid

La Voz

SANTIAGO

06 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Un posavasos, una tarjeta, un trozo de papel le sirve a Blanco para no dejar morir cualquier argumento, cualquier buena idea que le puedan ofrecer, aunque su interlocutor no sea consciente de ejercer ese papel de coyuntural consejero. No duda en usar esas ideas en su gestión o en sus discursos, eso sí, suele reconocer el copyright de lo que emplea.

Lo hace por ejemplo para contar cómo resolvió una de las mayores crisis que vivió como ministro. La nieve bloqueaba los accesos y salidas de Madrid. Sus antecesores ya habían quedado contra las cuerdas en otros inviernos por la paralización del corazón del país. El ministro se encontraba en la misma situación una de las últimas veces que Madrid se tiñó de blanco, pero a ese problema se unían los de su propia casa. Sin familia de la que echar mano, la empleada de hogar se convierte en pieza clave en cualquier matrimonio en el que la pareja trabaja. Y esa pieza no se podía mover del centro de la capital al estar las carreteras de salida cerradas. «Ella decía que no se podía mover y desde el ministerio me aseguraban que la red estaba despejada. Repetía las llamadas y me contaban la misma situación incompatible, por lo que no paré hasta saber la verdad».

«Gracias a la chica supimos que por una cosa de tradición y burocracia las máquinas quitanieves del ministerio limpiaban las carreteras de Madrid hasta llegar al kilómetro siete, porque a partir de ahí le tocaba hacerlo al Ayuntamiento», continúa con su relato. «Di la orden de que llegasen hasta la Puerta del Sol si hacía falta, dijese lo que dijese Gallardón. Nunca más se repitió esa situación, que por ejemplo Magdalena Álvarez sufrió sin saber qué pasaba».

RUMORES DIARIOS

Por vivencias como esa, Blanco es un militante activo del acaparamiento de información. «Tiene una amplia red de informadores por toda España», apuntan en su equipo, para añadir que la mayoría de las veces, cuando acuden a contarle las últimas novedades, él ya las sabe.

Pero la transmisión de información es una autopista de doble sentido. «Todos los días cuentan noticias sobre mí que no son ciertas», dice. La publicación del ingreso de su hijo adolescente con coma etílico es el ejemplo más fuerte que expone. En realidad, su hijo tiene siete años y lo único en lo que coincidía con el joven hospitalizado era el apellido. «¿Pero cuantos Blancos habrá? No es serio ese tipo de periodismo», se lamenta.

Pero el ministro, como tal, no es solo objeto de interés informativo. La oposición escruta cada uno de sus pasos. El apartamento comprado por el matrimonio en A Illa de Arousa ha recorrido los correos electrónicos de media España. «Estoy tentado a pedirle los planos a algún diputado del PP que sé que los tiene», dice, para explicar a continuación las cuentas familiares, sus hipotecas y ventas y compras de patrimonio para argumentar su evolución inmobiliaria. «Yo en el fondo soy buena gente. Podría contar cosas duras de mis adversarios, podría defenderme con ataques muy bien documentados, pero no creo en esa forma de hacer política y menos entre instituciones».

Suena un mensaje en su teléfono. «¡Mira!, es de Esperanza Aguirre dándome las gracias. La llamé desde Panamá para desearle suerte».