El pasado mes de octubre organicé un congreso público de astronomía que tuvo financiación del Xacobeo 2010: O Camiño das Estrelas. As estrelas do camiño , en el que se hizo énfasis al secular papel de la Vía Láctea como guía de los peregrinos.
Todos los Caminos a Santiago deberían formar parte del Proyecto StarLight y por consiguiente la ciudad de Santiago como tal. La realidad es otra y eso que ahora se podría aprovechar la crisis económica y el consiguiente ahorro energético para combatir la contaminación lumínica que afecta no solo a nuestros bolsillos y a la astronomía, sino también a los hábitats naturales y muchas veces a la seguridad vial, con focos que deslumbran a los conductores.
Para que la gente no se alarme, hay que decir rápidamente que eliminar la contaminación lumínica no es iluminar menos, sino mejor. Algunas comunidades autónomas como Canarias, Cataluña, Baleares, Andalucía, Navarra y Cantabria y un número reducido de ciudades y villas, tienen aprobadas leyes autonómicas y ordenanzas de protección del cielo oscuro. En Galicia solo hay honrosas excepciones pero todavía no existe una ley. Vengo luchando por ella desde hace tiempo y ahora con más ímpetu si cabe, ya que en la actualidad presido una de la Comisiones de la Union Astronómica Internacional y tengo que hacer informes al respecto. Esta ley es imprescindible porque si no cada uno hace lo que le parece y la gente no es consciente del daño irreparable que se está produciendo. Desafortunadamente un sector de la población ya no es consciente de formar parte del Universo por no tener facilidades de contemplar el cielo estrellado.
Recuerdo que hace unos veinte años, desde el Pedroso se veía perfectamente la Vía Láctea. Desgraciadamente ya no, pero lo más interesante es que se podría volver a recuperar. En nuestra ciudad, si bien es cierto que en algunas actuaciones recientes sí se ha puesto alumbrado correcto, existen multitud de casos totalmente incorrectos.
No basta con evitar que la luz salga por encima del horizonte. Los focos que emiten horizontalmente producen una alta contaminación lumínica además de deslumbramiento. Los responsables deberían tener claro que las luces son para que veamos por donde pasamos y en este sentido sobran todas las luminarias de sombrerito, los globos de luz y demás focos que iluminan hacia nuestra visual. Hoy en día existen además focos asimétricos que evitan que la luz salga en todas direcciones. Estos están perfectamente indicados sobre todo en las instalaciones deportivas al aire libre. La contaminación lumínica que produce el estadio de Santa Isabel es el paradigma de lo que no se debe hacer. Además en este caso, para más inri, las torretas de luz están dirigidas cara al Observatorio Astronómico.
La propia iluminación de la catedral es claramente mejorable. La Granxa do Xesto no debería tener luminarias tan agresivas al medio como tiene. Tampoco hay que olvidarse de las iluminaciones privadas.
Por último, hay una cuestión muy importante y que supondría un alivio a las arcas municipales: la regulación de la intensidad lumínica a partir de una cierta hora. Estoy seguro de que con acciones correctoras, no muy drásticas, podríamos volver a ver la Vía Láctea desde la plaza del Obradoiro, lo cual sería un triunfo de todos.