Todos los encuentros del conjunto santiagués y los cuatro últimos del rival de turno se someten a un exhaustivo análisis informático para que no quede nada al azar
24 nov 2010 . Actualizado a las 03:46 h.Por cada cuarenta minutos de partido del Obradoiro hay unas diez horas de trabajo sobre el parqué y más de treinta de análisis de laboratorio para diseccionar con detalle el juego del oponente y el del propio conjunto santiagués. Es una tarea ingente que está dando sus frutos y que permite atar casi todos los cabos. Con excepción del acierto y la inspiración, cuestiones que escapan de las leyes de la gobernabilidad, todo lo demás está bajo control.
Por citar dos ejemplos, cabe recordar las dos bandejas letales de Eric Sánchez frente al COB en el último cuarto. No fueron producto de la casualidad. Recibió los bloqueos que necesitaba, vio el pasillo y se coló hasta el aro. El pasado domingo el Obra contaba con acciones de dos contra uno cada vez que los pívots recibiesen cerca del aro. El equipo sacó más balones hacia el perímetro que otras veces y los lanzadores pudieron disfrutar de más y mejores posiciones de tiro.
En apenas diez metros cuadrados Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez, ayudantes de Moncho Fernández, aplican el bisturí de la informática a todos los partidos del Obradoiro y a los cuatro últimos del rival de turno. Las radiografías del adversario y la acumulación de datos sobre el propio equipo inciden en el trabajo de cada semana, toda vez que le indican al primer entrenador hacia donde debe apuntar.
No hay tregua. A la conclusión de un encuentro ya se pone en marcha la maquinaria de la siguiente jornada. Víctor Pérez se encarga de hacer un seguimiento continuado del Obradoiro. Trocea cada contienda para ver cómo responde el colectivo en diferentes contextos defensivos y de ataque, así como en la aplicación de los movimientos que se ensayan y mecanizan en el día a día.
Primeros datos
Veinticuatro horas después del partido, Moncho Fernández ya tiene un informe estadístico y videográfico sobre las cosas que se hicieron bien y cuáles mal.
«Para nosotros es muy importante -explica el técnico- porque va más allá del valor numérico de las estadísticas. Una acción defensiva puede ser buena a pesar de que el contrincante termine anotando. Y al revés. A veces el rival no anota a pesar de que no lo hemos defendido bien. Eso es lo que nos da hacer scouting de nosotros mismos, el saber si estamos jugando bien o no». En ataque, el análisis está tan parcelado que permite calibrar qué movimientos son los más rentables, sabiendo cuántas posesiones acaba en canasta y cuántas no.
Y mientras Víctor Pérez hace evaluación continua, Gonzalo Rodríguez comienza con el despiece del otro equipo. Primero, repasando las estadísticas, frías, puras y duras. Después, revisando los últimos cuatro vídeos para determinar qué tipos de defensa práctica, cómo se desenvuelve en los saques de banda o de fondo, de qué manera explota las situaciones de bloqueo directo...
Detrás de cada partido hay una labor de producción imposible de cuantificar y que tiene por objeto evitar, en la medida de lo posible, el factor sorpresa.