Humberto Guillén
es un venezolano de 66 años que lleva un año tocando el cuatro venezolano por las calles de Compostela. Esta pequeña guitarra es su único modo de vida, con ella comparte ocho horas diarias para ganar 70 euros por jornada. Trabaja todos los días para poder vivir, ya que al ser jubilado no puede tener otro empleo y, a pesar de haber cotizado durante toda su vida en su país, el gobierno de Chávez no le paga lo correspondiente a sus años laborales.
Los gaiteiros son los músicos más habituales en el arco de acceso a la Plaza del Obradoiro. Pablo Pérez lleva dos años tocando en Santiago y nota que los turistas de este año son «más agarrados». Combina su trabajo en la calle con las tareas forestales y las participaciones en otras actuaciones musicales. Su compañero Pive comenzó a tocar hace 10 años en una visita a Santiago en la que se quedó sin dinero. Cuando ya vino a estudiar a la ciudad y no podía disfrutar de su instrumento en su piso, decidió hacerlo de manera habitual en las inmediaciones del Obradoiro. Estos gallegos tocan los días que quieren durante una hora y media cada uno, en turnos establecidos por la mañana con los otros músicos de la zona. El violín de Armenia. Kamo Petrosian es un armenio afincado en Santiago desde hace siete años y que combina sus clases particulares de violín con las actuaciones callejeras que lleva a cabo dos veces al día. La Rúa do Vilar, Cervantes, la Inmaculada y el Toural son sus escenarios, en los que toca estilos tan variados como la música clásica, el jazz o el folk celta, ritmo con el que ha gravado su primer disco.