«Le presenté la dimisión a Suárez Núñez veinte veces y no la aceptó »

Dice que siempre le puso las cosas claras a Fraga, a quien sustituía como presidente, confiesa su incompatibilidad con Pajares y afirma que su mujer fue clave en su vida


«Nos vamos para Santiago». La decisión la adoptó Dositeo Rodríguez hace treinta años, cuando vio que no sentía deseos de seguir en Lugo. Había negociado con el rector Suárez Núñez la transferencia del colegio universitario de Lugo a la Universidad de Santiago y Suárez le propuso la gerencia del campus compostelano: «Yo estaba en UCD. Aquello era una jaula de grillos y, aunque quería mucho a Lugo, me marché».

Al arribar a Compostela, no se encontró con Jauja. En el 79 se desarrollaba la segunda versión del 68: «Mi mujer me decía: a dónde hemos venido». Pero Dositeo se encariñó con la ciudad, y sin vuelta de hoja: «Mi destino es Boisaca. Me siento compostelano por encima de todo».

Los seis años que pasó gestionando los servicios de Fonseca fueron «quizás los más atractivos», al lado de una persona «exquisita y culta» como Suárez Núñez y «era un placer trabajar con él, aunque le presenté la dimisión veinte veces». ¿Tantas? «Sí, porque en muchas cosas yo no podía ir contra la ley y le decía que si quería, me iba». El rector movía siempre la cabeza.

Pero la etapa fue fructífera, recuerda Rodríguez, porque surgió Feuga, la Universidad se abrió a la empresa, se crearon muchas facultades. «También tuve que solventar el problema de las cuentas fuera de sistema que me encontré». Arreglarlas, con secuelas laborales, le valió una huelga de varios días. Propuso, con éxito, montar Veterinaria en Lugo: «Convencí al rector. Era complicado pero salió adelante. Curiosamente, Beiras votó a favor». Eso sí, y Dositeo mira con cierta envidia a los actuales gestores, para nombrar un bedel o mover un papel había que pedir permiso a Madrid.

Cuenta que un día a Suárez Núñez le propusieron ser candidato a presidente de la Xunta. Le confió a Dositeo que su condición era escoger a su gente. No fue posible «y no aceptó».

Con Pajares llegó el RIP: «Me equivoqué al quedar de gerente con él. No éramos compatibles. Había una desconfianza mutua». Resultado: «Me hizo una amable invitación a marcharme».

Ya en la Xunta, tras un breve tránsito por Madrid, Dositeo asistió a Albor y Orza «hasta el barreirazo» y continuó asesorando a Santos Oujo en Industria: «Estar con Oujo era agradable, pero aquello era un desastre». Ya se hablaba de Fraga como futuro inquilino popular y un día le pidió a Romay que le agenciase una entrevista con el patrón en Madrid para exponerle su proyecto sobre Galicia.

El sí de Fraga a su ideario se emparejó pronto con la estancia de Dositeo Rodríguez al mando de la Consellería de Presidencia. Y al frente de la Xunta, cuando Fraga se ausentaba. «Yo era la persona que le decía la verdad a Fraga, no le engañaba. Los documentos más críticos se los enviaba yo, y eran a veces documentos durísimos de análisis de lo que hacíamos mal», confiesa. En público el presidente no admitía réplicas, porque no quería ver mermada un ápice su autoridad, pero en privado había sonoras dialécticas. «Creamos una relación Fraga y yo muy personal y sincera de colaboración. A menudo me decía: Dositeo, es usted un pesado. Es la cuarta vez que me viene con eso». Y la sexta, si hiciese falta.

¿Pero estaba Dositeo en Santiago? «Estaba en mi despacho. Y de ahí, a casa. Era una época absorbente en la que apenas podía disfrutar de la ciudad». Su mujer, Carmela, también lo pagaba: «Tengo que agradecerle la gran paciencia que ha tenido conmigo. Si no tienes una mujer que te apoye, es inútil». También era exigente, si la rumorología no engaña: «Quería que yo hiciese las cosas un 100% bien».

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