En Cuba, Guillermo Horta se formó en la Escuela Nacional de Ballet y en la Escuela Nacional de Danza, además de ser cofundador, con Lilian Padrón, del Conjunto de Danza Contemporánea de Matanzas.
-¿Explíquenos un poco donde está «A arte de vestir un kimono de seda», que hoy presenta?
-Mi trabajo tiene mucho que ver con mi formación. Yo vengo de un país del tercer mundo, de pobreza, donde para vivir hay que improvisar para comer, para vestir, para hacer teatro, para hacer todo. Y es una cosa que en cierta manera es mala pero que por otro lado tiene un aspecto muy interesante: que te forma y te da una habilidad que no la adquieres en ninguna otra parte del mundo porque todo está hecho. La gente siempre espera por dinero para hacer un espectáculo, y yo pienso que el dinero siempre hace falta pero el espectáculo no puede esperar por el dinero porque hay que hacerlo de alguna manera.
-¿Y todo su espectáculo está inspirado por esta filosofía?
-Sí. Está hecho con una colección de vestuario que tengo hecho de plásticos recogidos en contenedores y mercados. Es parte de un proceso muy largo que empieza en Cuba, se forma en India después, se consolida en Austria y que llega a su máximo en Tenerife. El espectáculo tiene dos partes: la primera vocal, con canciones, y la segunda tiene que ver con la idea del agua y la piedra, con el misterio que se esconde tras la fragilidad.