Vedra rinde homenaje a Manuel Barcia, director del colegio durante tres décadas y que se jubila tras 46 años ejerciendo la docencia en un municipio que vio crecer
19 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.En plena crisis económica y con el verano a la vuelta de la esquina, abandonar una trayectoria laboral de 46 años con un sinfín de homenajes es algo que no le pasa a cualquiera, en realidad a casi nadie. Sin embargo, Manuel Barcia Baliñas es una envidiada excepción, aunque reconoce que no es de esas personas que cuentan los días para colgar los hábitos del trabajo.
Con el sonido de los pájaros y las hojas de los árboles del entorno, unido al ruido de los niños y adolescentes en pleno recreo escolar, Barcia saborea sus últimas jornadas laborales en un centro educativo que dirige desde hace 29 años, los mismos que tiene el propio colegio, al que llegó procedente de la escuela de Santa Cruz de Rivadulla, también en Vedra. En aquel momento, el colegio nacía con 15 docentes, frente a los cuarenta que tiene ahora, un crecimiento que también afecta a los alumnos, que hoy son 350.
Sobre la mesa de su despacho destaca el dibujo en tres colores con el esquema del programa de actos de fin de curso, que en realidad se convertirá en el primer acto de homenaje a un director que ha conocido y educado como profesor de ciencias a varias generaciones de vedrenses. «Se pensas nunha media de cincuenta alumnos por curso, e son tantos anos..., a verdade é que o número case asusta», afirma con una expresión incrédula que transforma en una sonrisa de oreja a oreja cuando reconoce que más de una vez ha sentido como si viajase en el tiempo al ver a algún hijo de antiguos alumnos. «Hai nenos que son como fotocopias dos pais. Por exemplo esa rapaza alta que estaba na porta hai un momentiño é calcadiña á súa nai, quen por certo foi unha gran deportista», recuerda. Incluso es más que probable que algún nieto o nieta de sus primeros alumnos haya pasado por sus manos.
Un balance muy positivo
A pocas horas del cierre del curso, este docente reconoce que uno de los momentos más dulces fue hace solo cuatro años cuando el colegio celebró su veinticinco aniversario. El mural frente al que posa en la fotografía lo dice todo: «¡Chegamos alto!». También en la abigarrada estantería con copas de numerosas competiciones deportivas y otros campeonatos están representadas grandes satisfacciones. Pero en la memoria también le quedan momentos tristes «aínda que eu son dos que mira as cousas positivas da vida», algo que no es posible en situaciones trágicas, como el fallecimiento de algún docente y también la muerte de algún alumno.
Tanta experiencia en contacto diario con los alumnos y las responsabilidades del cargo de director convierten a Manuel Barcia en todo un experto a la hora de analizar la evolución de la enseñanza. Así, ante la recurrente pregunta de si las nuevas generaciones son peores que las anteriores, este director evita la respuesta tajante para reconocer que «hai cousas que agora fan e din os rapaces que antes eran impensables. E hai que facerlles ver que ás veces fan cousas que non son adecuadas. Agora hai mais liberdade e hai información por todas as esquinas, pero hai que canalizala, cribala e saber escoller, sen impoñer, aínda que hai veces que hai que tomar medidas».
Eso sí, lo que tiene muy claro es que «a Educación é algo de moitos, non vale andar botando as culpas nin cargando as mochilas entre os pais e os centros. Hai unhas normas que hai que recibir na familia e cultivalas nos centros».