«Un cliente bueno compensa otros veinte que son malos»

SANTIAGO

Hace ya 26 años que Manuel Fagín y su mujer se pusieron al frente del bar A Gamela, famoso en la ciudad por ser pionero en servir platos a base de setas

29 mar 2009 . Actualizado a las 03:00 h.

Cuando Manuel Fagín cumplió 13 años, se mudó de su Viceso natal a Santiago para comenzar a trabajar en la hostelería. «Escollino porque era onde pagaban algo, ganabas cartos e dábanche de comer», explica. Después de pasar por numerosos locales de la capital gallega, recaló en A Gamela, que abrió sus puertas allá por los años 70. Hace 26 años, compraron el local. Y hasta hoy.

«Cando comezamos entrábamos a traballar ás nove da mañá e saiamos ás tres da madrugada», recuerda Manuel. Fue en aquellos comienzos de trabajo duro cuando decidieron comenzar a servir setas, especialidad por la que se conoce hoy en día A Gamela. «Hai 20 anos, o dono das Crechas recomendounos poñer setas», explica Manuel. Los primeros platos eran de setas con jamón, con cebolla, con gambas, con pimiento y al Oporto. Fue todo un éxito, y hoy en día los clientes del local pueden degustar setas con nata, grelos, gulas, solomillo e incluso con algas. «Daquela había champiñón, pero agora é ao revés», comenta Manuela García, que es la encargada de la cocina.

Silvia, la única hija de los dueños del bar, prácticamente creció tras la barra. «Desde pequeña echaba una mano conforme a mis posibilidades», comenta. Si no podía servir a los clientes, iba a comprar pan o lo que hiciese falta. A sus 24 años, trabaja como cocinera en un colegio, y a la vez ayuda a sus padres a atender A Gamela. Eso sí, cocinar, no cocina. «Cuando era pequeña no me gustaba nada, pero ahora si no estoy lo echo de menos», sentencia. El trato con los clientes le gusta, y afirma que «un buen cliente compensa a 20 que son malos».

Habituales

Precisamente, la mayor parte de los clientes son habituales de A Gamela, aunque siempre llegan turistas a los que les han comentado las especialidades de la casa. «Lo que no vienen son peregrinos, porque no llegan hasta aquí». Según afirman, Sae se podes no sale en el callejero. «Sae o nome, pero á hora de mirar o mapa non aparece a rúa», explican. Lo que les funciona a ellos es el boca a boca, con el que se han hecho con una buena cartera de incondicionales.

Además, A Gamela se convirtió en pionero en una zona en la que hoy en día se puede escoger entre decenas de bares y restaurantes. «Cando chegamos nós había algúns sitios, pero así que abrimos comezaron tamén a abrir bares e restaurantes por esta zona, por San Roque e máis pola rúa de San Pedro», comenta Manuel, un hombre que ha visto, bandeja en mano, cómo ha cambiado el sector hostelero en la capital de Galicia. «Cambiou para ben», asegura. «Hai tanto restaurantes para turistas de cartos como de outros tipos, hai máis variedade». Y es que hace años, cuando A Gamela comenzó a navegar bajo el mando de los actuales dueños, «practicamente o único que había era o Franco».

La única queja que tienen es que la hostelería «é o traballo máis escravo do mundo». De hecho, los padres de Silvia no estaban muy por la labor de que ella siguiese su estela. Y ella, al principio, tampoco. «Yo quería hacer un ciclo de FP de auxiliar de enfermería, pero no me cogieron y entonces me decidí por el de cocina», recuerda Silvia.

Hoy en día, y tras años de duro trabajo para forjarse un nombre en un sector tan competitivo como el de la hostelería compostelana, trabajan algo menos, pero aún así están al pie del cañón casi todos los festivos. «Este año cerramos en San José, mi padre me pidió que hiciese un cartel y le dije ¿pero qué pasa?», bromea Silvia.