La estación del AVE puede chocar con el actual edificio

X.?M.?Cambeiro

SANTIAGO

La instalación en la ciudad implica un proyecto apropiado cuyo dimensionamiento está en manos de los técnicos

25 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace un par de décadas se suscitaron fuertes discusiones sobre la arquitectura del Ensanche que debería salvarse de la piqueta. La zona nueva es un dechado de urbanismo poco recomendable y mal avenido con una multitud de gustos, pero en su seno encierra arquitecturas que merecieron formar parte de un catálogo de edificios singulares y protegibles. Aún resuena el ardiente debate en torno a inmuebles como la Tintorería España, abierta en 1913.

Por aquel entonces nadie soñaba con un AVE accediendo al territorio compostelano ni con la posibilidad de hacer añicos la actual estación. Y, sin embargo, las instalaciones del Hórreo quedaron marginadas de cualquier catalogación arquitectónica de extramuros. Nadie apostó un ochavo por esa nave. Lo cual no quiere decir que no resulte un ser entrañable y familiar tras más de seis décadas de convivencia, ni esté exenta de belleza en determinados parajes de su fisonomía. Está claro que muchos compostelanos, y no solo los soñadores, no bajarían el pulgar por su estación.

No obstante, desde el momento en que se adoptó la decisión de hacer céntrica la sede del AVE y mantenerla en Ponte Seca se instituyó la posibilidad de que su efigie pueda esfumarse e irse al limbo de las fotos sepia. De otro modo significaría hipotecar un proyecto de vuelos tan altos como los que le corresponden a un tren de alta velocidad y a una capitalidad. A veces lo capitalino se contradice con lo tradicional (fuera de catálogo) y se hace preciso elegir.

La ubicación de la estación ferroviaria de viajeros, en el interior o en las afueras, entrañó una dialéctica que no se resolvió de forma instantánea. Representantes municipales viajaron a ciudades con flamantes instalaciones de estreno y concluyeron que la centricidad era la solución idónea. La estación de Zaragoza, maravillosa y con prestigiosos premios internacionales en sus vitrinas, no convenció por su distanciamento del centro. Por cierto, la ciudad maña conserva, a unos pasos de la nueva, la antigua sede convertida en Museo Ferroviario. Una solución, de tener que eliminarse el inmueble del Hórreo, sería la que propugna Mercedes Rosón como una de las opciones de la baraja: el traslado. Siempre que sea viable. Y quizás también con un aire museístico.

En ciudades como Burgos se levantaron muchas voces disconformes con la lejanía de la nueva estación y en los pasados días el alcalde de Tarragona observó con sana envidia la localización de Santiago. Es una apuesta centrípeta de muchas urbes y Compostela optó por conservar la sede del AVE en el meollo urbano. Consagrar unos límites y una configuración, con las magnitudes que están saliendo a la palestra y la sublimidad capitalina, a lo mejor resulta una medida contraindicada que choca con los planos. Y a lo mejor no y el edificio actual se hace un hueco bajo la techumbre que se prepara en Madrid.

Lo que preconiza el grupo popular lo defiende un sector de la ciudadanía. En esta redacción se han recibido llamadas de apoyo al actual enclave. Y el propio Icomos se situó en la ola conservacionista recomendando borrar las huellas de Salamanca o Málaga. Pero, como alguien dijo, hay que elegir. Y las decisiones a veces brotan rodeadas de lágrimas.

Lo reseñable, ahora mismo, es que el proyecto de la estación ya está en órbita y en unas condiciones que nada tienen que ver con las que largó el Adif hace un par de años. Si Raxoi cediese estaríamos hablando de una mole impresentable y una fuente de discordia urbana. El alcalde empuñó firme el bastón municipal en los despachos de Madrid y le enmendó el planeamiento, que habrá de retornar de nuevo al tapete para plasmar el acuerdo interadministrativo.