Arquitectura de la «dolce vita»

SANTIAGO

En los terrenos del campus santiagués se levantó hace un siglo un efímero complejo cultural y de ocio del que solo quedan la nostalgia y viejas postales

11 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Es cierto. Santiago nunca tuvo una burguesía dinámica y boyante como otras ciudades gallegas, ni poderosos lobbies económicos que le permitiesen manejar sus destinos y preservar sus privilegios, pero sí ha sido y es una capital que se ha llevado inusualmente bien con el poder político. Y también ha sabido vivir. Solo así se pueden entender los fenómenos arquitectónicos dentro y fuera de la almendra del casco histórico, y entre ellos, uno efímero que en este 2009 cumple cien años. Se trata de la Exposición Regional Gallega de 1909, una suerte de muestra cultural, artística e industrial en clave de ocio que pretendía imitar a las grandes citas europeas de finales del XIX que habían removido cimientos para asombro del mundo.

El tiempo ha juzgado y, la verdad, la huella del contenido de la exposición ha sido más bien borrosa. Allí se mostraron entre el 25 de julio y el 30 de noviembre, según la Gran Enciclopedia Gallega , piezas arqueológicas de todos los rincones de Galicia: esculturas, pinturas, hubo concursos artísticos -Castelao ganó un premio de dibujo- y una representación de gran variedad de oficios propios de Galicia, en lo que se podría describir como un precedente del Museo do Pobo Galego.

Con seguridad, muchos de aquellos elementos expositivos siguen vigentes en alguna peana, mientras que el envoltorio del caramelo desapareció al poco tiempo de cerrar dadas las provisionalidades de la construcción. Como detallan Pablo Costa y Julián Morenas en su trabajo Santiago de Compostela 1850-1950 , desde diciembre de 1908 a julio del siguiente año se desarrollaron los trabajos para levantar los pabellones, proyectados por el arquitecto Antonio Flórez. El pabellón central permaneció en pie cuatro años hasta que fue derribado.

Las imágenes que han llegado hasta hoy muestran el dinamismo de un espacio que fue el epicentro de la ciudad durante varios meses. Allí, además de sacar pecho en los recintos cubiertos a través de su cultura y su industria más o menos desarrollada, Galicia y Santiago mostraban su lado más ocioso, ya que el complejo contaba con un cinematógrafo, restaurante, quioscos de flores y tabaco, un carrusel mecánico, un circo ecuestre, tiro al blanco y zona de espectáculos. De todo ello solo quedan las postales.