Los tres vendedores de billetes de la estación de tren de Santiago no dan abasto. Es fin de semana y cientos de estudiantes están deseosos de regresar a sus casas. La cola serpentea por la estación e incluso sale a la calle. En el andén, una chiquilla protesta porque la máquina expendedora de billetes se ha estropeado en el último momento, y por unos minutos no ha podido subirse al tren. «Se estropeó justo cuando me tocaba a mí», relata a la persona que la escucha al otro lado del teléfono. Esta situación se repite día tras día, tal y como comentan los pacientes viajeros que esperan su turno frente a la ventanilla.
Un mes después de que Renfe vaticinase que los retrasos terminarían en torno al 20 de noviembre, cuando finalizasen las obras del AVE en el túnel de Uxes, en Arteixo, las cosas siguen igual. «O tren retrásase polo menos dúas veces ao mes», comenta una mujer que acude todos los días a la ciudad herculina a trabajar. Y las tardanzas en la salidas han hecho que en varias ocasiones haya llegado tarde a su puesto de trabajo. «Normalmente chega tarde uns 15 minutos», relata.
Tener un asiento es también cuestión de suerte. «Hai xente que sube ao tren sen billete, senta e non deixa sitio, aínda que os que o mercaron teñan preferencia», afirma una estudiante acostumbrada a esto de los viajes en ferrocarril. A ella le ha tocado hacer en numerosas ocasiones su viaje de vuelta a casa apoyada en la maleta.
Confusión
A medida que se acerca la hora de salida de un tren, en la estación entra más y más gente. Entre los estudiantes, algunos trabajadores que deben desplazarse a Vigo o a A Coruña. El andén está a rebosar, y en cuanto la megafonía anuncia la llegada de un regional, los viajeros reaccionan y se agolpan junto a la vía. Los que vienen de A Coruña tienen dificultades para salir. Los que van hacia Vigo, presionan para entrar. Un guardia de seguridad vigila que no haya incidentes.
Minutos antes de la salida del regional con destino a Vigo, la megafonía avisa de que se cierra la ventanilla número 3, la que tiene la cola más larga. Momentos de estupor. La gente tarda en reaccionar y situarse en otras colas.
Hay quien se ve esperando una hora porque no le da tiempo a comprar un billete para el tren que está a punto de entrar en la vía 1. Sin embargo, y ante el caos que reina en el vestíbulo y el andén, vuelve la megafonía. «Los billetes se despacharán en el tren». La gente abandona una cola para colocarse en otra: la de la puerta del ferrocarril.