Rafael Grasa destaca la independencia del Instituto Catalán por la Paz como valor esencial para funcionar
30 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El presidente del grupo de expertos que diseñó el Institut Català Internacional per la Pau, Rafael Grasa, recibió ayer junto a Xavier Badía el premio Portapaz 2007 que concede el Seminario Galego de Educación para a Paz gracias a los valores de investigación que promueve
-¿De dónde surge la necesidad de crear este Instituto Catalán para la Paz?
-Aparece de una necesidad mundial, la violencia sigue imperando y la paz es anhelada. Desde Cataluña intentamos ayudar investigando en aquello que no se ha tratado. No hay problemas solo donde hay violencia, es una cuestión de todos.
-¿Cuáles son las principales funciones que va a llevar a la práctica?
-Tiene cuatro grandes funciones: de formación, de sensibilización, de apoyo a los movimientos que ya existen y una función de actuación sobre el terreno: mediación en procesos de paz, intercesión en conflictos, diplomacias paralelas...
-¿Es la independencia de la institución un valor capital para funcionar?
-Nuestra independencia es clave para tener una agenda propia y poder decir cuando el gobierno lo hace mal y cuando bien.
-¿En la cultura de paz juega un papel más decisivo la sociedad civil que las administraciones estatales?
-Hoy el papel clave es la sociedad civil, somos nosotros, los ciudadanos, los que podemos cambiar las cosas, las administraciones tienen que ayudar pero no pueden ser el motor del cambio, al menos en el papel interno, otra cosa son las guerras interestatales.
-¿Ha habido un repunte de pacifismo en España tras la invasión de Irak?
-Creo que sí, ha habido un crecimiento porque lo habitual en el movimiento por la paz es el de flujos y reflujos. Es cierto que eso no se puede mantener constantemente, la sociedad española es pacifista pero con contradicciones, como se vivió con la Guerra de los Balcanes.
-¿Qué pasa con los conflictos olvidados cuando los focos están en Irak?
-Un factor clave es que las guerras son olvidadas porque no sabemos de ellas. Hay conflictos, en especial africanos, de los que nunca se ha escrito una línea. Quisiera recordar que la primera gran manifestación de solidaridad tras la Guerra Fría en España fue con el conflicto de Ruanda, hubo muchas donaciones a oenegés al principio y luego no se supo nada más.
-¿No choca el comercio de armas de España con los valores de paz que se intentan fomentar?
-Es una paradoja importante, uno no puede decir que va a promover la paz en el mundo y al mismo tiempo no controlar a quién exporta armas. Hay que ser serio con los códigos de conducta de la Unión Europea. Mientras los cincos miembros del Consejo de Seguridad sean los máximos exportadores de armas existe una tarea difícil para cambiar esto.
-¿Qué supone para el Instituto el Portapaz 2007?
-Es una alegría enorme, este premio nos hace ver que nuestro trabajo vale la pena y por él tendremos que rendir cuentas en el futuro.