En la oficina, como en Canarias

SANTIAGO

Un paseo con un termómetro digital en mano por algunos edificios públicos deja en evidencia las medidas de ahorro enérgico; en Raxoi, por ejemplo, se llega a 26 grados

27 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La sensación general de las personas que acuden a determinados edificios públicos para realizar gestiones es de que hace un calor insoportable. Seguramente, durante las largas horas de espera en las urgencias del Hospital Clínico o mientras se hace cola en el registro de alguna dependencia administrativa habrá pensado que ha sido transportado a otras latitudes más cálidas. Las recomendaciones del Instituto Energético de Galicia dicen que no debería superarse los 20 grados durante el día y que solo debe encenderse la calefacción por la noche si es necesario. Pero, en este caso, no superar los 18 grados. Estos consejos permitirán trabajar a favor del ahorro energético evitando un derroche innecesario y, al mismo tiempo, cuidar el medio ambiente y evitar conductas que dañan a la salud.

Para comprobar si las recomendaciones son seguidas por las instituciones públicas decidimos acudir con termómetro digital en mano a algunos edificios de la ciudad.

El paseo comenzó en la Consellería de Medio Ambiente . En el exterior del edificio, a las 11.30 horas, en San Lázaro el termómetro decía que estábamos a 14 grados. Ya en el interior del edificio el termómetro marca 19,5 grados en el hall de entrada; en el primer piso sube medio grado más. A simple vista, al menos en la zona a la que tuvimos acceso, no se veía ninguna ventana abierta.

En el Pazo de Congresos , también en San Lázaro, comprobamos la temperatura en el hall de entrada. Hay 18 grados aunque la sensación es de más frío; en el interior de una de las salas de reuniones se ve a varias personas en manga corta y no es para menos, 24,5 grados. En este caso, aún parece que hace más calor.

La siguiente parada fue en el Hospital Clínico de Galicia . Tras conseguir milagrosamente aparcar sin dar una sola vuelta comprobamos que el termómetro bajó hasta los 13 grados. La sorpresa vendría en el edificio. En Urgencias, en poco menos de cinco minutos, el termómetro subió hasta los 22 grados; en la zona de consultas de traumatología llegó nuevamente hasta los 22 grados, lo que justifica la manga corta de algunas enfermeras y médicos. En los pasillos de acceso a las salas de rayos X estamos a 22,5 grados. Aunque la gran sorpresa se produciría en las habitaciones. La amabilidad de algunos de los internos permitió que pudiéramos comprobar que efectivamente el termómetro coincide con la sensación general de exceso de calor. Tras poco más de quince minutos ya estamos en los 24 grados y, en otra habitación más soleada, a 26 grados. Se entiende, entonces, que los pacientes prefieran tener las ventanas abiertas y que el personal no precise un traje de invierno.

Tras un paseo por el caldeado hospital nos trasladamos a la praza do Obradoiro. La temperatura en Santiago ya es más agradable. Pese al desagradable viento, el termómetro dice que no podemos tener frío, hay 17 grados. El objetivo ahora es el interior del Concello de Santiago . En uno de los despachos de la planta baja hay 22 grados y en otro, 24 grados. Un trabajador reconoce que el día anterior hacia mucho frío y abrieron uno de los radiadores, que habitualmente está cerrado. En los pasillos de la primera planta, el termómetro llega a los 22,5 grados. La sorpresa salta en el salón verde, donde se alcanzan los 26,1 grados de temperatura. Unos minutos antes había terminado una rueda de prensa del alcalde de Santiago, que sin duda debió caldear sobradamente la habitación. En el salón rojo (que no será utilizado en la jornada en la que hicimos el control) hay 23 grados; en el salón de pleno, donde no hay actividad, marca 22 grados.

Para comprobar el seguimiento de las recomendaciones de los expertos por la Universidad de Santiago optamos por dos de sus edificios. En el Rectorado se supera con creces la prueba. En el pasillo, el termómetro no llega a los 16 grados. Hace más frío que en el exterior; y, después de colarnos en un despacho, la temperatura es de 20 grados justos. La cosa cambia en una de sus facultades. En Facultade de Filoloxía , al borde ya de las dos de la tarde, en los pasillos estamos a 18 grados; en una de las salas de estudio, a 21 grados; en una clase, a 22 grados.