«Solo por un niño, mi proyecto ha valido la pena»

Concha Pino

SANTIAGO

El periodista catalán, convertido en activista social, recogió el premio de la Fundación La Rosaleda

19 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El periodista catalán y desde hace tres años y medio activista social en Bombay, donde fundó y dirige la organización Sonrisas de Bombay, recogió ayer en el Hostal dos Reis Católicos el premio Axuda 07, que le otorgó en su primera edición la Fundación La Rosaleda en reconocimiento de su labor en favor de los niños marginados y pobres. Contó su experiencia en un libro, de los más vendidos estas Navidades, que va por la cuarta edición.

-¿Por qué en la India?

-Fueron los niños los que me llevaron allí. Fui de viaje de placer y cuando conocí el orfanato de Karuna decidí invertir lo poco que tenía para acondicionarlo y evitar su cierre. Si aquellos niños los encontrara en Angola mi proyecto estaría allí. -¿No le frustra que su trabajo sea como una isla? -Muchas islas crean el planeta Tierra. Pero sí, es difícil no sentirse frustrado, porque este proyecto beneficia a 2.700 niños, pero solo en Bombay son 300.000 los que viven en las calles. Y cuando estoy en el nuevo orfanato o en las escuelas Ambassador y Yashodhan solo veo individualidades, y pienso que solo por uno de ellos, el proyecto ha valido la pena. -Dejó su vida y una buena situación profesional... -Y con la que estaba encantado, es importante aclararlo, porque parece solo hace estos cambios quien está descontento con su vida anterior o que huye de algo. -¿El proyecto tendría vida propia si usted lo dejara? -Sí, nadie debe ser indispensable, y en estos momentos funcionaría sin mí perfectamente, porque nos aseguramos de que todo sigue un camino transparente. De las 170 personas que trabajan en el proyecto solo dos son españolas, y un equipo en Barcelona de otras diez. -¿Dónde consigue los fondos para su organización? -Sobre todo en España, y recientemente empecé a labrar contactos en la ONU para ampliar el abanico y canalizar ayudas a entidades locales que no tienen manera de llegar a ellas. -¿Por qué no hay más iniciativas como la suya? -Creo que por miedo, porque en Occidente cada vez hay más miedos. Todo empieza por el ciudadano de a pie, siempre ha sido así. Ahora sabemos lo que hay en el Tercer Mundo, y toca que el primero sea coherente, empezando por no comprar productos fruto de la explotación infantil. -Su tarjeta de la esperanza fue un éxito, ¿por qué? -Me inspiré en programas que se hacen en Brasil. Vi que no podía convencer a las familias para escolarizar a los niños a cambio de nada, porque cada uno es un sueldo. Darles dinero no era bueno porque hay mafias. Y como la sanidad, que es escasa, está muy valorada, pensé en esta tarjeta de asistencia gratuita y de calidad. La enseñanza es de élite, y hay familias que pagan aunque sus hijos estén con un intocable. Hasta yo me sorprendí. -¿A qué va a dedicar este premio? -Acordé con la Fundación que será para proyectos de lepra que están en marcha, de reinserción laboral y académica de enfermos y sus hijos, porque la lepra es un problema sobre todo social, porque es fácil de curar.