Un histórico que perdió su sitio

X.M. Cambeiro

SANTIAGO

Pese a las declaraciones oficiales, la falta de sintonía aceleró una renuncia que seguramente no se produciría hasta traspasar al menos el ecuador del mandato

20 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Por esas casualidades de la vida, Francisco Candela pronunció la palabra «dimisión» al mismo tiempo que el candidato de Boqueixón Xermán Diz, muy amigos y otrora fuertes, touriñistas, coetáneos y diputados provinciales. Ambos dejaron de ser portavoces municipales y los dos retornarán a las aulas. Ambos simbolizan una etapa ida.

El fulgor de una estrella política dura un tiempo y se extingue en un momento dado. El mismo Francisco Candela aclaró ayer que se había aclarado un ciclo. Pero finalizó porque las circunstancias le encaminaron a ese final. Estaba decidido que no iba a continuar en la Diputación provincial y la gravidez de su causa política fue perdiendo peso con el transcurso del pasado mandato. Al actual llegó enflaquecido.

Ahora se suscita la controversia sobre el día D y la hora H de la decisión de Candela. ¿Cuándo hay que datarla? Pues es posible que antes de configurarse la lista, en el momento de configurarse o tras el pacto de gobierno. Pero antes, durante o después, Candela estaba alejado del círculo del alcalde y su marcha era una posibilidad cierta. Pero lo que es seguro es que la candela dejó de alumbrar antes de las elecciones y el pacto de gobierno blandió el apagavelas definitivo.

Tras su último viaje a Túnez vinculado a su gestión turística, regresó sabiendo que el motivo de ese viaje ya no le incumbía a él, sino al BNG. Y como el cascabel al gato tarda en ponerse, se enteró primero de que el área de Turismo había cambiado de manos por sus socios de gobierno. De estar Candela en la mesa negociadora, Turismo difícilmente se hubiera movido de sitio. Y de estar esta parcela en sus manos, el ex edil perdería el prefijo dimisionario mucho más tarde. Desde luego no el próximo jueves, en que se hará efectiva su renuncia.

El malestar de las cesiones del pacto no se ciñe a ese momento concreto. De hecho ha sido un caballo de batalla para Candela, partidario en todo momento de que los socialistas exhibiesen sus credenciales electorales en el cogobierno local. Los intercambios dialécticos con el alcalde, con el sonómetro en mano, podrían significar el cierre de Raxoi.

Lo evidente es que cada maestrillo tiene su librillo, y Sánchez Bugallo tiene su equipo y su política. Y sus soluciones conglomerantes. El saldo hasta ahora le ha sido favorable, a tenor de los datos de los sucesivos barómetros, y Candela se vio cada vez más distanciado del núcleo municipal. «A dimisión precipitouse, non se demorou», corrigió ayer en Radio Voz el alcalde a este cronista, que hablaba de demora. Y es que en este proceso cabían las dos opciones, la demora y la precipitación, según cómo se jugasen las cartas desde el inicio del mandato.

En todo caso, el epitafio que hay que colocar en esta lápida política es que el personaje histórico que se ha ido, con sus luces y sombras, contribuyó a solidificar un Raxoi descuajaringado cuando entró en el 79. Y le ha tocado partir ahora, por quedarse fuera de ordenamiento.