La limpieza, la conservación, las zonas de sombra y el funcionamiento de las fuentes son algunas de las asignaturas pendientes en las zonas de ocio para niños
16 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.No es lo mismo ser niño en Amio que en la praza Roxa. No, no es lo mismo. Y tampoco es lo mismo columpiarse en la zona de juegos de la calle Enrique Vidal Abascal, por encima de Hipercor, que hacerlo junto a las vallas de madera destrozadas del parque infantil de Lamas de Abade en el que, por haber, hasta hay unos cables del teléfono que cuelgan de un árbol, muy tentadores para desgraciarse haciendo el indio. Y el tendido sol, el tendido sombra, que el parque tenga fuente o, lo que es peor, que tenga una fuente sin agua o con un chorro tan ridículo que sólo sea posible saciar la sed chupando directamente del caño. Todo cuenta.
Toda una tarde de recorrido por once parques infantiles de la ciudad sirve para concretar la experiencia en una palabra: desigualdad. Un hecho objetivo es que en Santiago hay muchos parques infantiles, pero también lo es que los hay de primera categoría, de segunda y otros que no llegan a regional preferente.
Columpios con demasiado trote, cosas destrozadas que no se arreglan o que no se haya pensado el lugar idóneo para colocar la zona de juegos son las quejas más comunes, lo mismo que también se felicitan intervenciones como la de la praza Roxa, praza da Constitución (Tras Parlamento) o, sobre todo, el cinco estrellas de los parques infantiles de la ciudad, el de Enrique Vidal Abascal.
El sol, por ejemplo, es un auténtico problema en el recinto que se encuentra entre las calles Varsovia y Roma, en Fontiñas, una freidora de niños por las tardes que hace que los padres prefieran el de la calle Estocolmo, que no cae lejos. Pero en el de la calle Estocolmo, la fuente apenas vierte una lágrima de agua, lo que supone un problema de hidratación en las tórridas tardes del verano.
También se quejan de la fuente, más seca que la mojama, los vecinos de la praza de León, junto al grupo de viviendas Cardenal Quiroga. «¿Quéreme dicir vostede a min por que a fonte funciona no inverno e non no verán?, porque non o entendo», se queja una abuela.
En Lamas de Abade hay un problema de seguridad serio con una valla de madera destrozada en la que no es difícil despellejarse. En el de la Alameda, el problema son los cristales y la basura del botellón, que traen a los padres de cabeza en un espacio que, si no fuera por ese detalle, sería ejemplar. Del vandalismo no se puede culpar al Ayuntamiento. O igual sí.