«Silencio, se rueda» en las calles compostelanas

M. M. L.

SANTIAGO

santiago | Si usted sale estos días a disfrutar de la noche santiaguesa y se topa en una esquina con alguien que le pide silencio, no se asuste, es normal. ¿El motivo? Se rueda. ¿Qué se rueda? La noche en que dejó de llover, del compostelano Alfonso Vilas Zarauza.

El indicador para bajar el tono de voz no será el chasquido de la claqueta, sino varias personas del equipo pidiendo encarecidamente que se aguarden unos segundos antes de pronunciar la próxima palabra. Si lo que tiene que decir no es urgente, haga caso, pues le estará haciendo un enorme favor a los técnicos de sonido, que pasadas las tres de la madrugada de ayer se encontraban al borde del ataque de nervios por el concierto que unos noctámbulos habían decidido improvisar a pocos metros del rodaje.

Es lo que tiene grabar en medio de la ciudad, que siempre puede haber algún curioso o espontáneo que ponga las cosas difíciles. Si el horario de trabajo va de ocho de la tarde a ocho de la mañana, como era el caso, y el momento de rodar es la noche de un jueves, la situación se agrava, sin lugar a dudas.

Durante las ocho semanas que durará la grabación, todo el equipo deberá acostumbrarse a vivir con el sueño cambiado. «Mientras se rueda no hay más vida que la película», explica la sastra, casi a la vez que fotografía el cuello de la camisa de Luis Tosar para luego acordarse de su colocación exacta. Peor lo tiene Rubén Vilas Zarauza, hermano del director, pues por la noche está en la grabación y de día, como productor ejecutivo, se encarga de diversas gestiones.

Argumento bajo secreto

El que parece ser inmune al cansancio es el otro «Sr. Zarauza» -tal y como se puede leer en la camiseta que lleva- el director, que se pasea rápidamente de un lugar a otro con una cara de total satisfacción. No es para menos, ya que el rodaje de su primer largo, por ahora, «está yendo perfectamente», según cuenta.

A esas alturas, una de las pruebas más difíciles, una escena con una vaca como protagonista, había sido superada con éxito el día anterior en Bonaval.

Al que también se le ve contento es a un Luis Tosar muy bohemio y un poco más pálido de lo normal, acorde con su personaje, quien aprovecha esta semana «porque es más relajada y por ahora va muy bien. Para la próxima ya empieza el trabajo duro, con las escenas de diecisiete páginas cada una».

Eso sí, a pesar del buen ambiente fue totalmente imposible que alguien desvelara más de lo debido sobre el argumento. Aún así, un pequeño apunte: cuando los habituales de cierto ultramarinos de la zona vieja vean la película, lo reconocerán como el establecimiento, un tanto peculiar, donde el protagonista va a comprar una barra de pan y se encuentra con un vendedor de santos. Recuerden en ese momento que lo que en el cine no durará más de tres minutos, supuso una larga noche de rodaje en la que Tosar y el vendedor tuvieron que entrar y salir del local no menos de veinte veces.