Levantando el pie por si acaso

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua SANTIAGO

SANTIAGO

En directo | En el radar de la avenida de Lugo En una zona en la que los turismos solían volar, ahora éstos reducen justo antes de un medidor que es sólo informativo

21 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

DISUASORIO. En la imagen, el coche que pasó no llegó a 50 por hora. El panel disuasorio logra que los vehículos pisen el freno. PUNITIVO. En la avenida de Lugo, junto al Parlamento, se suelen situar los controles de velocidad. Aquí sí se multa. ?arece que los conductores se lo piensan cuando ven cualquier cosa que se pueda parecer a un radar. Es lo que sucede en la avenida de Lugo, donde el Concello instaló un panel que indica a los vehículos la velocidad a la que circulan cuando pasan junto a él. No multa, pero cualquier amenaza de posible sanción hace levantar el pie del acelerador. La Voz comprobó de primera mano cuál es el comportamiento de los conductores desde que se puso en marcha el aparato. En una zona en la que hasta hace poco los coches volaban como si se tratase del circuito de velocidad de Jerez, mucho han cambiado las cosas. Pasamos unos quince minutos para tomar nota de las velocidades registradas por los primeros 50 vehículos que pasan, de forma totalmente arbitraria. De ellos, 33 se quedan por debajo de los 50 kilómetros por hora. Se sabe porque, cuando no llega a ese límite, el panel no marca nada. Por lo tanto, sólo la tercera parte los coches superan la velocidad máxima para ciudad. De ellos, la gran mayoría ni siquiera habrían sido sancionados por un radar, porque sólo cuatro superaban los 60 kilómetros por hora. El más veloz iba a 69, con lo cual, ni siquiera hubiera perdido puntos. Llegar, ver, frenar Lo que se nota muy claramente es el miedo que produce en los conductores cualquier atisbo de multa. Algunos, que ya conocen el medidor de velocidad, se curan en salud y se controlan durante toda la calle. Otros, llegan a todo trapo, frenan justo a tiempo para que las luces no se disparen, y luego vuelven a pisarle como si no hubiera pasado nada. El medidor ya ha estado estropeado dos veces en los dos meses escasos que tiene de vida. En una de ésas estuvo un tiempo marcando 188 -porque tenía todas las luces encendidas- y alguno creyó que Fernando Alonso andaba suelto por Compostela. ¡Vaya decepción!