Reportaje | Proyectos en la ciudad que recuperan la afición por la lectura Pese a la crisis del sector y a la competencia de los medios audiovisuales, tres iniciativas simultáneas demuestran que el hábito de la lectura sigue arraigado y que es posible vivir de vender libros
02 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Hace apenas diez años, Santiago era el reino de los locutorios; después llegó la fiebre de los llamados cibercafés, que tenían mucho de cíber y poco de cafés. Y ahora, en plena eclosión tecnológica, Compostela parece haber recuperado el gusto por la letra impresa, por los libros de toda la vida. Puede ser casualidad o puede ser un efecto de la ley del péndulo, pero lo cierto es que en la ciudad coinciden varias iniciativas destinadas a fomentar el hábito de la lectura, justo cuando parecía que la Galaxia Gutenberg corría el riesgo de quedar sepultada bajo el peso de la era digital. El primer síntoma de esta renacida fiebre literaria lo proporcionó la librería Couceiro, un clásico de la ciudad que reabrirá a finales de este año o a principios del próximo en una nueva sede situada en la plaza de Cervantes. Un proyecto ambicioso que va más allá de la idea de vender libros y que incluye espacios destinados a acoger actos culturales e incluso un taller de encuadernación artesanal. Todo ello, claro está, sin descuidar la seña de identidad del establecimiento, la atención al libro gallego. Valor frente a la crisis Otro de los locales con solera del Ensanche, Follas Vellas, está de actualidad estos días por la decisión de su propietario de abrir una sucursal. En contraste con la crisis del sector (véase el caso de la librería Galí y su inminente cierre), Víctor Fojo le ha echado valor al asunto y se ha decidido a abrir un nuevo local en la calle Rosalía de Castro para dar salida a toda su mercancía, montañas de libros de segunda mano que hasta ahora se acumulaban en su almacén o en el garaje de su casa. El establecimiento actual de la calle de la Rosa, con más de quince años de antigüedad, seguirá abierto al público, ahora bajo la batuta de Marta Fojo, hija del propietario y heredera de su pasión por los libros. El tercer pie de este resurgir de la letra impresa lo proporciona un negocio de nuevo cuño, un híbrido bautizado como Biblioteca Van Gogh. Un espacio en el que los clientes podrán consultar los más de mil libros disponibles, tomar un café o acceder a Internet a través de la red sin cables y de los ordenadores disponibles (ojo: prestados, no alquilados) en el local. Una iniciativa con un origen curioso, ya que buena parte de los volúmenes puestos a disposición de los lectores proceden de la biblioteca particular de Fernando Seoane, fiscal jefe de la Audiencia Provincial de Ourense en los años sesenta. Los encantos del local se completan con exposiciones temporales que girarán siempre en torno a la figura del pintor que da nombre al local y música relajada para acompañar la lectura.