Análisis | La comarca del futuro La Xunta rechaza un proyecto de desarrollo que prima sobre todo el crecimiento del rural, uno de los puntos negros atribuidos a la Lei do Solo
23 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?l dictamen de la Xunta desestimando el Plan Xeral de Boqueixón ha abierto una caja de Pandora cuyas consecuencias en la comarca sólo se han dejado entrever. Un concello como Teo, con con un urbanismo agresivo para captar habitantes, ha visto como la misma consellería recortaba en su informe inicial las estimaciones de superficie urbanizable. A su vez, los ayuntamientos de marcado carácter rural, pero que cuentan con el poder de atracción de su pertenencia al área metropolitana de Santiago, se encontraban hasta ahora en una encrucijada: concentrar su población en zonas ya consolidadas o abrir la mano para fomentar el desarrollo de los núcleos tradicionales. En otra categoría pueden incluirse aquellos municipios que tienen tras de sí una historia urbanística que deja mucho que desear. Construcciones desordenadas y ordenamientos urbanísticos que no parecen tales forman parte del legado que se puede ver a simple vista en Cacheiras, Sigüeiro, Milladoiro y el mismo Ensanche compostelano. Los dos primeros casos llevan en la mochila la pesada carga de una suspensión urbanística. Oroso aprendió al lección y planteó en su PXOM un crecimiento urbano en torno al núcleo de Sigüeiro. El el resto del municipio casi ni cuenta. La propuesta de Teo bebe de la misma filosofía, aunque su mejor ubicación orográfica y geográfica convirtió a muchos de sus habitantes de la zona rural en urbanitas que buscan oxígeno, lo que obliga a dar todo un tipo de servicios. Boqueixón parece que lo quiere todo: atraer habitantes urbanos a las zonas rurales, evitar la fuga de vecinos y consolidar los núcleos ya existentes. Demasiado para un concello tan pequeño, entiende la Xunta. Pero la misma línea la sigue Vedra, cuyo proyecto urbanístico más ambicioso que el de Boqueixón en cuanto a cifras globales pero más restrictivo en la edificabilidad para la zona rural. En esta carrera por crear viviendas para atraer población, el que da primero da dos veces. Y Boqueixón ha recibido una penalización que lo ha dejado sin un buen puesto de salida. Por delante están ahora quienes en su día jugaron con cartas marcadas. Polémicas municipalistas aparte, lo que está claro es que tras el último dictamen de la Xunta ya no hay incógnita que valga y las próximas generaciones vivirán en aglomeraciones de viviendas cerca de grandes ciudades, mientras grandes superficies verdes y vacías se dispersan a su alrededor.