Manos a la obra con 60 años

Natalia Rodríguez Noguerol
Natalia Noguerol BOIMORTO

SANTIAGO

N. R. N.

En directo | Una mujer albañil en Boimorto

10 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

«Síntome capacitada para subir aos altos e con moito arte para traballar». Lo dice Carmen Vázquez, una vecina de Boimorto que con 60 años encontró el que, asegura, fue el segundo trabajo «en condicións» de su vida. En el taller de empleo municipal que se clausuró a finales del año pasado tras doce meses de actividad, Carmen tuvo su segunda oportunidad laboral remunerada y con cotización a la Seguridad Social incluida; un derecho de todo trabajador, que, mal de muchos como el de esta boimortense, no siempre o tarde se reconoce. Y, a veces, con fecha de caducidad. Éste es el caso de Carmen. Pese a que «traballei toda a vida», firmó su primer contrato laboral hace cinco años, cuando trabajó durante seis meses como costurera en Pontecarreria, un municipio vecino al de Boimorto, en el que esta sexagenaria natural de Melide y emigrante retornada en el País Vasco ejerció como albañil con los papeles en regla en el taller de empleo que para desempleados mayores de 25 años promovió el Ayuntamiento en el que reside con el apoyo de la Xunta. La historia de Carmen Vázquez, que ya cumplió los 61, llama la atención sobre la de la de las treinta y dos personas que formaron su grupo de clase y de trabajo durante el último año. Por cierto, con marcado peso femenino: 26 mujeres frente a siete hombres que se especializaron en albañilería, jardinería y viverismo. Al caso. Los años que pesan a sus espaldas aunque sin afectar a una «saúde de ferro» y la formación por la que optó porque «tiña os coñecementos pero faltábame a práctica» costaron a Carmen comentarios en tono burlesco de algún que otro vecino, a los que la experiencia que cuenta esta mujer debiera dejar, sin duda, con la boca callada. Lo único que lamenta la energética Carmen es desistir de la idea de trabajar hasta, en teoría, la jubilación como albañil. «Quen me dera», comenta al respecto; y su marido, que es albañil de profesión, «non me quere levar».