Lustre para el lustro terminal

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REPORTAJE GRÁFICO: PACO RODRÍGUEZ

En directo | Recorrido por la estación de San Caetano, que desaparecerá en cinco años El Concello invierte un millón de euros en la mejora de las dársenas del bus, en las que ya casi no entra el agua, pero sí el frío invernal a raudales; hay otras deficiencias

20 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Es muy probable que la estación de autobuses deje de existir dentro de un lustro. Renfe sería su destino. Pero entretanto ha recibido un nuevo lavado de cara para hacerla más presentable. La operación remodeladora finalizará en los próximos meses y costará más de un millón de euros. Raxoi ladea la cabeza meditando en la rentabilidad de la inversión, con un horizonte tan oscuro, pero en el presente son seis millones de viajeros los que cada año llegan a San Caetano (otros seis arriban a paradas urbanas sin acceder a las dársenas), y a Raxoi no le quedaba más remedio que actuar. Ha reducido el déficit de 420.000 euros a 180.000 y el año próximo las cuentas estarán equilibradas. Pero las instalaciones, utilizando el término de un usuario, eran hasta hace unas fechas «una braga». Su prestancia ha mejorado, merced a una reforma centrada en la cubierta, en el arreglo de las zonas más dañadas, señalización, dotación de unos mejores servicios de información y megafonía y acondicionamiento de determinadas dependencias, como los aseos. Los servicios de dársena y facturación tiene mejor pinta. Simbólico es el cambio de los aseos, dignos de un memorable tratado de escatología, que han transformado en placentera la actividad fisiológica. Hay más luz y espacio para moverse. La estación es «moderna, bonita y amplia», definió ayer el alcalde Xosé Sánchez Bugallo. Los periodistas escucharon esos calificativos embutidos en abrigos cerrados hasta el cuello. Y es que el frío invernal pela, y los usuarios no tienen recursos para encararlo. «Supoño que cando poñamos as escaleiras mecánicas, o que nos pedirán será a calefacción», comenta Xaquín Fernández Leiceaga. A unos pocos años de la posible clausura del recinto, lo último que hará Raxoi será gastarse un dineral en climatizar la estación. Es un coste que rebasa posibilidades. «Es preferible regalar abrigos en la entrada», ilustra el gerente de Tussa, Carlos González. Las citadas escaleras mecánicas constituyen otra asignatura pendiente desde hace muchos años. El ex edil Antonio Campos intentó hacer funcionar las dos averiadas con todas las fórmulas posibles, y se retiró cabizbajo. Van a funcionar, pero sustituidas por otras nuevas. En el verano estarán listas. Unos 300.000 euros costará el invento. «Esta estación non é moita cousa, chove por todos os lados. Debían mirar por ela», dice Cesáreo, que diariamente coge el Freire hasta Arca. Carlos González dice que, tras el arreglo que se acaba de hacer de la cubierta, el agua no entra en las zonas de paso de los usuarios. Queda algún punto con filtraciones, pero ajeno al tránsito, dice. María, que espera el autobús de A Estrada, elogia las instalaciones: «Non lle vexo fallos. Para min é unha estación moi cómoda», afirma. Algunas cosas sí que se evidencian. Las rojizas escaleras de acceso están raídas, los ventanales sucios y la amplia plataforma superior del andén, pintarrajeada por doquier, sobre todo en el entorno de los ascensores. Entre nidos de amor gráficos, una terrible imprecación sobresale impunemente a grandes caracteres: «Profesores a la cámara de gas». Un terminal turístico, en una puerta del hall, reza: «La unidad no está preparada para ser utilizada. Puede que la puerta esté abierta...». Deficiencias aparte, algún usuario que frecuenta otros recintos no se recata al afirmar que ahora mismo la de Santiago «é a mellor estación de Galicia». Raxoi, que tiene la concesión del servicio por 99 años, de los que van allá 34),también lo cree.