PINCELADA | O |

19 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL AGLOMERADO del periférico necesita una limpieza en toda regla. Vamos, que de la misma manera que quitamos la grasa acumulada en las cocinas de cualquiera de nuestras casas, los bomberos, casi fregona en mano, se dedican estos días a adecentar las vías más rápidas de la ciudad. Las capas de aceite acumulado durante todos los meses de verano y las semanas de propina concedidas por el dios del tiempo han sido una lacra para el periférico. Los conductores circulan cada día por unas pistas de patinaje, que provocan más de un susto y numerosos siniestros. Afortunadamente, en las últimas semanas los accidentes no han registrado víctimas y sólo daños materiales, que se convierten en una importante fuente de ingresos para los chapistas. El periférico se construyó para descongestionar la circulación de la ciudad, pero dado su estado se ha transformado en una especie de trampa de la que, aquellos que conocen el peligro, prefieren escapar. Por tanto, el fin para el que fue construido se esfuma y los conductores prefieren seguir soportando atascos interminables en la ciudad antes que circular por carreteras-trampa. La transformación del cuerpo de extinción de incendios en el servicio de limpieza del periférico provoca cierta risa. Sin embargo, a buen seguro, los bomberos prefieren ejercer la digna labor de limpieza en lugar de la más que desgradable misión de rescatar víctimas atrapadas en amasijos de hierros. Quizás la solución esté en adelantar el calendario y realizar la labor de mantenimiento de la vía antes de que la lluvia nos sorprenda a todos con la casa sin barrer y las cunetas llenas de restos de vehículos. La prevención es siempre una medicina más eficaz y menos costosa, por lo que no se entiende muy bien que sea necesario que se produzcan los primeros accidentes para comenzar a limpiar en los sitios de siempre.