Divino tesoro, pero agobiado

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO

SANTIAGO

Reportaje | ¿Qué preocupa a los estudiantes? El dinero que están invirtiendo en ellos sus familias, no obtener resultados académicos y la presión en algunas facultades son las causas del estrés de los universitarios

19 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?o hay mejor vida que la universitaria, dicen muchos. Pero los estudiantes también tienen sus momentos de soledad, de estrés, de ansiedad. Un estudio realizado en la Facultad de Psicología refleja que la depresión afecta al 8% de los alumnos, un porcentaje más elevado que en la población en general, en donde se sitúa en torno al 2 o 3%. Un paseo por las facultades compostelanas no denota, sin embargo, grandes agobios. Jose, Elena y Vanesa, estudiantes de Empresariales, no se creen las estadísticas. «En general aquí hay un ambiente muy poco estresado», señala Jose, aunque añade: «lo que ocurre es que hay mucha gente que no sabe manejar la libertad al llegar a la universidad, y cuando llegan los resultados se les viene todo encima». Elena coincide en que esta libertad «é o que máis choca, e iso crea unha responsabilidade». Sin embargo, los tres afirman que el agobio no es precisamente la característica que los define. «En Medicina sí que hay presión», aseguran. En esta facultad, Héctor Enríquez, Ezequiel Gómez, Pablo Varela y José Luis Montiel juegan una partida de mus en la cafetería. «Es que ahora no tenemos clases», aclaran. En su caso, ni el abandonar sus hogares al llegar a la facultad -«ése es el último motivo para la depresión», dice José Luis-, ni las novatadas de las residencias y colegios mayores «es lo mejor del mundo para conocer a gente» les suponen un motivo de preocupación. Sin embargo, entienden que el ritmo de las clases, la presión de los exámenes, la responsabilidad de llevar resultados académicos a sus padres y la frustración de haber estudiado sin éxito crean momentos de tensión. «En primero y en segundo lo deja mucha gente, porque creen que no pueden con la carrera», dice Héctor. Pablo se siente más identificado. «Yo tengo que ir a alguna clase con los de primero, y eso te agobia, te preguntas si estás fracasando». La mayoría de los universitarios viven fuera de casa y constituyen un importante gasto para sus padres, lo que hace que se sientan más responsables. «Estás gastando dinero de tus padres y llegas sin resultados, eso es una presión añadida», recuerdan. Además, su facultad ostenta una nota de corte sensiblemente superior al siete. Es decir, todos los alumnos que entran han sido buenos estudiantes, «llega febrero, empiezan a caer como moscas y eso choca». Los estudiantes no encuentran a veces la comprensión esperada en sus profesores, teniendo en cuenta además que en el colegio y en el instituto la relación es más cercana. «Exigen mucho, a veces parece que ellos no fueron alumnos en su momento», comentan los jóvenes. Pese a la fama de juerguistas y despreocupados de los universitarios, lo cierto es que son más responsables de lo que parece. La pérdida de una beca para estudiar, por ejemplo, es otra de sus preocupaciones. «Ocurre que si suspendes una de las asignaturas importantes te quedas sin beca, y son precisamente las más difíciles».