Juzgados

NACHO MIRÁS FOLE

SANTIAGO

CON LUPA | O |

19 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

INCLUSO EN LAS situaciones más delicadas acaban estableciéndose lazos entre las personas difíciles de explicar. Les hablo del caso Pastor, que tiene toda la pinta de ir a durar muchas semanas y en el que todas las partes que intervienen, incluidos los medios de comunicación, están condenados a verse las caras cada día, como compañeros de trabajo que cobrasen de la misma empresa. En la sala de la Audiencia, todas las mañanas se establece la misma mecánica: los periodistas llegamos antes, esperamos en la puerta, nos reímos con las parrafadas brillantes de los compañeros de las cámaras y le damos los buenos días a la funcionaria cuando nos abre la puerta. Pepe, el del Pastor, y sus abogados siempre saludan cordiales, al principio y al final de la vista. Y uno casi se olvida de que Rodríguez Casal se enfrenta a diez años de cárcel por sus manejos contables del pasado. En la sala, según van pasando las horas, las partes se van familiarizando entre sí y, a estas alturas, ya casi todo el mundo sabe de qué pie cojea el otro. A veces, es verdad, cuesta no dormirse en las declaraciones, pero lo de asistir a un juicio -que es un derecho de todos porque, al final, quien juzga somos todos- es una experiencia que recomiendo. Prueben, ya verán, tiene algo que engancha.