Más tarta y más invitados a comer

Juan María Capeáns Garrido
J. Capeáns SANTIAGO

SANTIAGO

Análisis | Amenazas y retos

03 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?arece lógico que en la España de las autonomías un bocado tan apetecible como el turismo de congresos no se dispute únicamente en media docena de ciudades muy potentes demográficamente y en dos o tres más con atractivos singulares, grupo en el que estaría incluido Santiago. Es lo que estaba ocurriendo hasta ahora, pero en un par de años el panorama habrá dado un vuelco espectacular. Urbes medianas y sin grandes encantos turísticos se han lanzado a la carrera para poseer un palacio de congresos que permita acoger al visitante más deseado, el que más dinero se deja en los restaurantes, en las tiendas y en los hoteles y el que más influencia social tiene a la hora de opinar sobre un destino vacacional. Cuatro se podrían considerar las patas de una mesa a la que se quieren sentar muchos invitados: el atractivo de la ciudad, el potencial del edificio, las comunicaciones y la capacidad hotelera. El potencial de Santiago en sí mismo es indiscutible, aunque hay otras urbes históricas con rico patrimonio que también quieren apuntarse a la fiesta. El recinto de San Lázaro es muy versátil y tiene una capacidad muy razonable, pero no se trata ni mucho menos de un edificio de autor. Estéticamente es poco atractivo, y tampoco está excesivamente céntrico, aunque esta circunstancia también puede suponer una ventaja. Las comunicaciones son su punto débil, como de otros tantos sectores en la comunidad gallega. Con todo, la situación se parece muy poco a la de los comienzos del edificio, cuando todavía no existían las autovías y las grandes compañías aéreas daban la espalda a Lavacolla. Hoy la oferta es más amplia, no sólo en vuelos baratos (que apenas inciden en el sector), y ya existen conexiones directas con varias ciudades españolas. No ocurre lo mismo con Europa. En cuanto a capacidad hotelera, Santiago es punto y aparte. Pocas ciudades tienen la calidad y la cantidad de la capital gallega.