CRÓNICAS URBANAS | O |
16 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.CUATRO estrategas de la economía de prestigio mundial vinieron a Santiago hace un par de semanas para darnos ideas sobre nuestro futuro. Nos advirtieron de que hablamos demasiado sobre nosotros mismos; de que nos preocupamos poco por los idiomas que de verdad abren las puertas en el exterior y que podrían atraer extranjeros, que buena falta hacen; y, sobre todo, nos recomendaron que le saquemos partido al ocio, que para producir ya están otros, que lo hacen mejor o más barato, como bien nos indicó la UE en 1986. En este páramo, dijeron los expertos, resplandecen Citroën -la fábrica franco-viguesa-, Inditex -cada vez más universal que gallega- y el fenómeno jacobeo. Semanas antes, en marzo, nueve corresponsales de La Voz contaron cómo se veía Galicia desde los países en los que trabajan. Nuestras señas de identidad, relataron, eran de nuevo el imperio de Amancio Ortega, el Dépor, el Celta y el Camino de Santiago. Yo no sé dónde va a fabricar coches Citroën dentro de cincuenta años, ni donde hará las camisas Zara, ni si el nieto de Fran será pichichi europeo. Sí sé que, salvo catástrofe, lo único que seguirá en su sitio es la catedral, igual que desde el 1075. Qué poquito avanzamos...