CRÓNICAS URBANAS | O |
28 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.ME PREOCUPA el tonillo que utilizamos los periodistas y empresarios de distintos sectores al referirnos a China. Antes o después recurrimos a la palabra «amenaza» -unos pocos gallegos más listos prefieren hablar de oportunidad-, y nos falta tiempo para recordar la peculiar interpretación de las libertades y las extremas condiciones laborales del país. Así, de un plumazo, ignoramos las virtudes productivas de una tremenda nación que es capaz de hacer una buena chaqueta de punto por un euro, cuando en Ordes cuesta 15 ó 20. Y por ello reclamamos protección a las autoridades, cuando tampoco nos hemos preocupado por mantener aquí talleres patrios que ahora tricotan a miles de kilómetros. Se nos parte el corazón al ver las imágenes de los pobres del mundo, pero nos entra el apretón cuando nos dicen que 1.300 millones de almas comienzan a salir del túnel. Poco a poco y con injusticias, sí, pero es que la democracia ni se come ni tapa de la lluvia. La ética y los negocios siempre chirriaron. Me di cuenta una mañana mientras descansaba en la tumbona de un hotel de capital español en el Caribe. Seguro que la mulata que me servía mojitos no gana ni para un café en el Derby. Tampoco le di propina.