Marcos tiene 27 años y es profesor de universidad: «Me he encontrado a compañeros de carrera en exámenes que voy a vigilar»
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«Mi visión es que no debemos prohibir el uso de la inteligencia artificial, sino enseñar al estudiante a usarla de forma correcta», afirma este docente de la USC
16 jul 2026 . Actualizado a las 11:03 h.La contabilidad y las finanzas conquistaron a Marcos (Santiago, 1999) mientras estudiaba Administración y Dirección de Empresas. Pero es sabido que, al menos en el caso de Contabilidad, es una de las asignaturas que más se le resisten a todos los que se enfrentan a ella cuando pasan por este tipo de grados. «Una vez que entré en la titulación, fue lo más interesante para mí. Más que nada, porque frente a otras áreas de la empresa o la economía, esa área me pareció muy objetiva y, de alguna forma, muy necesaria. Al ser un contenido tan basado en la normativa, a la hora de evaluar y de corregir hay poco margen para interpretar y para conseguir más puntuación. En ese sentido, yo también noté en mi promoción que eran las materias más costosas, aunque en mi caso no tuve inconvenientes», explica el joven. Y tanto que no se le hizo bola, porque Marcos, a sus 27 años, ejerce ahora la docencia en la Universidade de Santiago dentro de ese ámbito. «Soy profesor ayudante doctor, que es como la primera fase dentro de la carrera académica una vez obtienes el doctorado. Soy docente del Departamento de Economía Financiera y Contabilidad, de la misma área de conocimiento, e imparto un poco de docencia en ambas ramas. Tengo materias sobre mercados financieros y, por ejemplo, sobre la gestión de la información contable en las empresas», explica.
«Me decanté por ADE»
Todo comenzó con dudas, porque Marcos no sabía muy bien en qué grado matricularse. «A mí siempre me gustó el ámbito social. Cuando elegí el bachillerato estaba muy claro que iba a ir por esa vía, pero la titulación en sí no. Si te soy sincero, acabé decantándome por ADE porque pedía una nota de acceso más alta que en Economía y de alguna forma asimilé que la nota más alta significaba que era más atractiva para el mercado y, por tanto, era una formación más interesante. Al final, con el tiempo, haber tomado esa decisión y haberme guiado por ese criterio no me llevó a un mal resultado. A mi modo de ver, el grado en Economía tiene un enfoque más teórico y la vía de administración de empresas está más enfocada en el funcionamiento práctico, en la realidad de las empresas», afirma.
Sin tener un objetivo claro, si el joven hubiese enfocado su carrera profesional fuera de las aulas universitarias, lo hubiese hecho en la función pública. «No fue algo que tuviera clarísimo. Me tocó un contexto complicado con relación a las salidas profesionales, porque terminé el grado en el 2020, en plena pandemia. La facultad en la que había estudiado, me pareció un contexto conocido y había contactado con cierto profesorado que me animó a seguir. Fue un proceso gradual. Simplemente fui tirando, tirando y acabé aquí», admite. La tesis consiguió terminarla en poco tiempo. «La acabé hace un año y medio, en marzo del 2025. Aún no había cumplido los 27. Estaba pensada para acabarla en cuatro años, pero me llevó algo menos porque apuramos un poco el proceso. Iban a salir unas plazas en el departamento y tanto yo como mis directoras nos enfocamos en acelerar el proceso lo máximo posible para acceder a ellas. Digamos que esto es como un tren, si no te subes cuando pasa, quizá después no vuelve a pasar», indica.
«La tesis estaba pensada para acabarla en cuatro años, pero me llevó menos. La terminé cuando aún no había cumplido los 27»
Al ser veinteañero, es bastante probable que te expongas a alumnos mayores que tú. «Antes incluso de tener lo que se llama un contrato predoctoral, que es básicamente una financiación específica para hacer tareas de investigación relacionadas con la tesis, yo había encadenado diversos contratos de interinidad para sustituir ciertas horas de profesorado que no las podían impartir. En esos casos sí que me ha coincidido, pero no me ha supuesto en general un mayor problema. Quizás sí me parece un poco más extraño ir a algún examen a vigilar y, a lo mejor, encontrarme con algún compañero de carrera haciendo todavía un examen de recuperación. Pero como yo estudié en Santiago y empecé dando clase en la Facultad de Lugo, pues a nivel de docencia no coincidió que tuviese que impartir clase a una persona en concreto que yo conociese», confiesa. «¿Te confunden con un alumno?», le pregunto. «Aún me pasa, la verdad. Hace tiempo, en una exposición de proyectos de una materia en la que invitamos a gente externa, me confundieron con un estudiante. También voy siempre con una mochila en la que llevo mi portátil. La verdad es que doy demasiado el pego por llevarla», comenta entre risas.
«A veces me siguen confundiendo con un estudiante. Siempre llevo una mochila con el portátil y doy demasiado el pego»
Marcos también es consciente de los retos tecnológicos a los que se enfrenta como profesor, porque Chat GPT también se cuela en las clases. «La clave está en hacer un seguimiento regular al estudiante y a la evolución de su trabajo. Si de repente, en 15 días, te viene con la mitad del trabajo hecho, pues aquí algo ha pasado. No es algo que hayas hecho tú individualmente, basado en tu reflexión y demás...», sostiene. «Mi visión es que no debemos prohibir el uso de la inteligencia artificial, sino enseñar al estudiante a usarla de forma correcta como si fuera el copiloto de su viaje», añade.
Él es de Santiago, así que tuvo la suerte de encontrar trabajo en casa. Sobre los futuros graduados, cree que tendrán oportunidades. Sin embargo, todos al principio se iniciarán con no muy buenas condiciones. «Cuando empecé a trabajar como profesor interino, unos meses después de terminar el máster, cobraba una cantidad de dinero bastante irrisoria y tenía un contrato a tiempo parcial. No era un sueldo que me permitiese independizarme ni vivir de forma autónoma. Creo que a los graduados les va a pasar un poco eso», indica.
Sin duda, el esfuerzo ha sido la clave para Marcos para llegar hasta la universidad, «un sector muy competitivo, muy meritocrático». «Te exige trabajar durante toda la carrera para ir avanzando escalones. A medida que vas subiendo, la competitividad es menos intensa. Pero de alguna forma consiste en hacer más que el rival que puedes tener al lado», admite.