VOZ EN OFF
28 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EL CIVISMO es el territorio cotidiano en el que desarrollamos la vida pública y, como el valor del soldado, se le supone. Ahora bien, no está de más que los servicios colectivos cuenten con el faro-guía de un código de conducta al que deben ceñirse todas las personas que se sirven de ellos y quienes se encargan de que funcionen. Es el caso del transporte urbano, necesitado en ocasiones de un modelo que facilite la vecindad en tan estrecho recinto vital como es una plataforma sobre ruedas. Polémicas puntuales como la indignante prohibición de llevar un perro lazarillo en el bus o la discusión porque el viajero no tiene calderilla y pretende pagar con un billete de veinte euros ya no tendrán razón de ser. No quedarán al albur del cambiante humor de la autoridad de turno que es el conductor. Pero sin pasarse, no sea que a fuerza de códigos vayamos a darle la vuelta a la lógica de la convivencia.