Análisis | La huella de Ricardo Blázquez en Santiago Satisfacción en la diócesis tras la elección del presidente de la Conferencia Episcopal, que mantiene una buena sintonía con cabezas visibles de la Iglesia compostelana
09 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.De forma más o menos indisimulada, desde el martes a mediodía se palpa cierta alegría en los círculos religiosos compostelanos. Nadie quiere que se interprete como un feo a Rouco Varela, pero el paso de monseñor Ricardo Blázquez por Santiago, donde fue obispo auxiliar entre 1988 y 1992 durante el ministerio del ya ex presidente de la Conferencia Episcopal, ha dejado una huella notabilísima, hasta el punto de que ha sido imposible encontrarle un pero, la más mínima fisura en su perfil. En su etapa compostelana trabajó a la sombra de la poderosa figura de Rouco, y llegó, tal era su encargo, a donde no alcanzaba el de Vilalba, jugando un papel que tanta falta le haría al actual arzobispo Julián Barrio, siempre con exceso de ocupaciones. El arzobispo de Santiago convivió con Blázquez en el Instituto Histórico Español de Roma en los 70, y aunque no volvió a coincidir en las mismas empresas sí se le atribuye una sintonía de ideas y talante, siempre con el diálogo y la cercanía como pilares de su quehacer. Su mano se dejó notar en el exitoso encuentro entre el Papa y los jóvenes cristianos en el Monte do Gozo (1989). Obispo y buen compañero Vivió en el Seminario Mayor, y allí lo recuerdan como una persona absolutamente autónoma que prefería no molestar a nadie, y a la que la mitra no le despegó los pies del suelo. «Siendo obispo no dejó de ser buen compañero», recuerda el portavoz del Cabildo, José Fernández Lago, quien también estudió con Blázquez en Roma y mantiene una buena y larga relación con la nueva cabeza visible de la Iglesia española. Para Fernández Lago, su talante, «muy parecido al de don Julián», garantiza una buena sintonía con Madrid. Aprendió gallego en su estancia en Santiago (también dominó el euskera en tiempo récord) y durante cuatro años se dedicó a visitar las parroquias de la diócesis (desde A Coruña hasta Cangas) y atendió siempre solícito las peticiones de los fieles. De aquella época se acuerda bien el entonces diácono Manuel Carreira (hoy es sacerdote en la zona de Caldas de Reis) quien colaboró estrechamente con el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, que en su día lo ordenó: «Es cercano, sencillo, comprensivo, tranquilo y tiene una fuerza espiritual muy grande. No le veo defectos», dice el cura compostelano, al que siempre le sorprendió la capacidad de Blázquez para arreglárselas solo. Desde Bilbao, cuyo patrón es Santiago, siguió teniendo una relación muy estrecha con la capital gallega. En los últimos años fue muy habitual que los peregrinos vascos trajeran palabras de recuerdo suyas hasta la catedral, y que a su vez le llegaran cada cierto tiempo almendrados elaborados por las monjas de San Paio. Mientras en Compostela se valora el sorpresivo nombramiento de Blázquez, el arzobispo Julián Barrio presidirá hoy en Madrid la primera reunión de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, que le ha sido encomendada en este nuevo trienio 2005-2008. Más información en la página 48.