El Banco de España ya tiene utilidad como «botellódromo»

Juan María Capeáns Garrido
Juan Capeáns SANTIAGO

SANTIAGO

Crónica | Una noche como otra cualquiera La madrugada del viernes tuvo los mismos ingredientes que siempre: meadas en las calles, un contenedor quemado y un masivo encuentro de jóvenes en Praterías cargados de alcohol

25 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?os coperos santiagueses son buena gente. Ayer fue una noche relativamente animada dentro del declive generalizado que vive la movida compostelana desde hace años, y a pesar de la presencia de varios miles de jóvenes sólo hubo que lamentar la quema de un contenedor, seis fiestas con overbooking de invitados, algún grito siempre molesto y cientos de asquerosas meadas por todas las esquinas. Si el contacto de la orina con el suelo generase ruido entonces sí tendríamos un doble problemón de escándalo en Compostela. Pero antes de mear hay que llenar la vejiga. En los pisos del Ensanche corrió el alcohol, igual que en el Franco y A Raíña, donde los jóvenes alternaron las cañas y las primeras copas por precios razonables. Todo en orden dentro de los bares, pero fuera no deja de pasar gente con bolsas que no hace parada en los bares. Todos se concentran en Praterías, en los soportales del Banco de España, que a la espera de un uso digno los jóvenes han decidido convertirlo en un auténtico botellódromo . A diferencia de otras noches, no se apostó ningún coche patrulla, aunque sí se dejó ver algún barrendero que adecentó un entorno en el que no hay contenedores. En realidad no los hay en todo el casco histórico, pero ése ya es otro problema. El caso es que hasta más allá de las dos de la mañana no comenzaron los peregrinajes hacia los diferentes pseudopubs o pubs de la zona. Los primeros, que ejercen pero que tienen licencia de bar, deberían llevar cerrados media hora. Los segundos tienen hora y media para hacer caja. Hay poca presencia policial. En el fondo, todo es como un jueves cualquiera. A partir de las tres de la madrugada, momento en el que los pubs deberían ir pensando en cerrar su puertas, hay cinco puntos calientes en la ciudad: la rúa Nova de Abaixo y República Arxentina en el Ensanche; y la Algalia, el Preguntoiro y el entorno de la Praza de Abastos en la zona vieja. El trasiego es espectacular y el personal camina con firmeza porque sabe donde le van a poner una copa más. El Capitol, el local que hasta diciembre acogía a buena parte de la fauna nocturna, lleva ya más de una hora cerrado, y las opciones son más limitadas pero existen. Y son las de siempre. Los mismos que llevan recibiendo multas desde hace meses pero que siguen en sus trece porque cualquier cambio de estrategia horaria significaría acabar la noche con cuatro perras en la caja, y el consecuente cierre inminente. De momento, se juegan otra ronda con la Administración.