Donar: una solidaridad egoísta

| JOEL GÓMEZ |

SANTIAGO

SIN INTENCIÓN

03 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

DICE UN conocido proverbio que la mejor solidaridad comienza por uno mismo. En el caso de la donación de órganos es una forma de entenderla. Porque nadie está libre de necesitar ser receptor de una donación para salvar la vida y, en ese caso, seguro que reclamaría el órgano en cuestión con la mayor urgencia. Debe ser difícil para muchas familias, en un instante tan delicado como la muerte de un pariente, decidirse a donar, pero hay que entender que esta solidaridad es necesaria para que se puedan salvar otras vidas. Las listas de espera así lo indican. Por eso es necesario que se realicen campañas adecuadas, y en positivo, para conseguir ese objetivo. Los datos de trasplantes del último año en Santiago, que retroceden a 1995 y se atribuyen por los especialistas a la falta de órganos, son un motivo para una reflexión seria sobre un asunto especialmente delicado. Para una solidaridad también egoísta.